¿Estás bien educado?
"Desde niña reconocí mi pasión por la educación. Yo pensaba que ella era la única que podía cambiar al mundo. Hasta que leí algo que me cambió la perspectiva: “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que cambiarán el mundo” (Paulo Freire).
Fue entonces que decidí dedicarme a la educación para cambiar primero MI mundo (interior) y luego ayudar a las personas a cambiar LOS suyos. Una vez hecho esto, EL mundo que anhelamos será distinto… pienso que cambiará".
En homenaje al Día del Maestro, escribí esas líneas en mi Facebook. Considero que definitivamente Freire tenía razón; la educación no cambia al mundo, cambia a las personas que cambiarán al mundo. La educación por sí sola no es nada, no puede, no existe. La educación necesita a las personas para que, a través de ellas, se vea su poder. Poder no solo de cambiar el mundo, sino también de transformarlo. Es más, diría que me quedo con esa palabra: transformarlo y así no le damos opción de que vuelva a la forma que dejamos atrás.
Nelson Mandela hizo girar por los cinco continentes un pensamiento parecido: “La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo” y ¡caramba! que sí lo demostró. Sólo un hombre educado podía haber salido después de 27 años de la prisión despidiéndose del guardia que lo vigilaba. Es posible que en esos 27 años se haya olvidado mucho de lo aprendido en la escuela, tal vez no tenía la memoria fresca con ecuaciones matemáticas, fórmulas químicas o poemas líricos; se olvidó de lo que sabía, pero no olvidó quién era. Pienso que la educación en esa tremenda experiencia no sólo cambió a Mandela, sino que lo transformó.
La educación – decía Einstein – es “lo que sobrevive cuando todo lo aprendido se olvida”, o sea las teorías, los libros y las fórmulas pasan a segundo plano, no podemos retener tanta información por tiempo ilimitado. Sin embargo, lo que nunca se nos olvida, cuando estamos bien educados, es a decir: “gracias” cuando recibes algo, “hasta luego” si te despides, “mucho gusto” si te presentan a una persona, “con permiso” mostrando respeto, “puedo ayudarte” buena actitud…en fin, valores puestos en práctica fuera de las aulas y en contacto directo con la realidad, a veces tan dura, cruda y cruel como una cárcel (insisto, salir despidiéndote y agradeciendo son palabras mayores).
Recuerdo hace mucho tiempo que en cada inicio de año escolar solíamos ir con mi esposo a conocer a los maestros de nuestros hijos, inicialmente nuestras palabras eran: “Hola, mucho gusto, somos papás de… y confiamos en lo que usted tiene que hacer dentro del aula, nosotros haremos lo nuestro fuera de ella. Gracias por ayudarnos y enseñarles lo que nosotros no podríamos hacer (nos referíamos a las asignaturas)” y también “gracias por apoyarnos en el proceso de formación de nuestros hijos, queremos que sean personas educadas (aquí, nos referíamos a los valores)”.
Considero que la educación va mucho más allá de transmitir conocimientos, experiencias o saberes de alguien que puede saber más a otro que puede saber menos. La educación es un proceso de formación integral donde debemos velar por cinco áreas que conforman a la persona: enseñar contenido que satisfaga la parte intelectual, a relacionarse con otros adecuadamente, a manejar sus emociones, a cuidar su cuerpo y por supuesto a tomar las decisiones y acciones correctas que sin valores es difícil hacerlo continuamente.
¿Estás bien educado? Sin importar dónde o qué estudiaste, espero que la respuesta sea un ¡Sí! rotundo.



















