Fiesta de la Virgen La Bella de Arani
Edwin Claros Arispe (*)
La Virgen de La Bella, hoy en día, recibe veneración de parte de sus devotas y devotos en dos importantes festividades. La primera tiene lugar el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen María, y la segunda el 24 de agosto, que coincide con la fiesta de San Bartolomé, patrono de la parroquia de Arani.
15 de agosto
Es la fiesta de la Asunción de la Virgen María y tiene su propia estructura festiva. Abarca dos días, el día de las “vísperas” y el día de la fiesta. Ambos son organizados por la familia pasante que asume este compromiso religioso. La víspera se celebra la noche del 14 de agosto con la tradicional salve, la fogata frente al atrio de la iglesia, los fuegos pirotécnicos y el compartir los tragos de ponches, chicha y cerveza al son de la banda de músicos, entre los pasantes, sus acompañantes y los devotos del pueblo.
El día de la fiesta, 15 de agosto, se celebra una misa solemne, luego se realiza la procesión con la imagen de la Virgen La Bella por la plaza principal, acompañada por los “cargamentos”, los danzarines y la banda de músicos, para finalizar una fiesta familiar de encuentro y alegría.
Los invitados del pasante degustan el menú festivo. Y la población tiene la oportunidad de saborear el helado casero de leche o de canela, como también las empanadas y los bizcochos especiales.
Por las características locales, se puede decir que la fiesta del 15 de agosto es más comunitaria y familiar. No se da el anonimato; al final, casi todos los devotos araneños y residentes, de una u otra manera, están emparentados por distintos grados de carácter biológico, y ritualmente, a través del sistema de “compadres y ahijados”. Y, las más de las veces, los pasantes son turnos al interior de una misma familia.
24 de agosto
Esta segunda jornada devocional comprende un tiempo más prolongado, un total de tres días: el “calvario” (23 de agosto), la fiesta (24 de agosto) y la “cacharpaya” (25 de agosto). El “calvario” se realiza en la cima del cerro que lleva este mismo nombre. Los devotos suben por el camino de la cuesta, algo empinada en varios lugares. A lo largo de este trayecto están colocadas 14 cruces que representa la vía crucis. En cada estación, el devoto se detiene un momento para lanzar una pequeña piedra a la base de la cruz, como señal de pedir perdón por las faltas cometidas. Si la piedra lanzada se cae, es porque la persona tiene una falta grave escondida en el corazón.
Otros devotos, no muchos, se acercan a una hendidura rocosa en el cerro (“Caja de la Virgen”) para golpear la roca y arrancar pedazos de piedras que representa el “préstamo” recibido de la virgencita, a condición de que el próximo año se devuelva lo prestado con su respectivo “interés”.
Ya en la cumbre del calvario, la mayor parte de los devotos compran “propiedades”, “terrenos”, y estas adquisiciones son “ch’alladas”. Los dueños, adornados con serpentinas y mixtura sobre la cabeza, hacen acto de posesión de lo adquirido al ritmo de la diana, y cuando la pareja es empujada sobre el terreno y las plantas de los jardines. Acto seguido la banda interpreta la primera cueca y se hace tronar los cohetillos chinos, luego se baila un huayño y/o un poupurri de taquiraris, no falta un balde de chicha para compartir entre los propietarios y los amigos que acompañan el ritual de la compra. La tarde en el Calvario se caracteriza por la alegría al son de la música, el baile y las copas.
Muchos devotos, de modo especial los del área rural, compran miniaturas de animales domésticos, casas o camioncitos y solicitan la bendición de la mamita La Bella para que se cumplan los deseos de prosperidad. La bendición de las miniaturas generalmente es representada por el acto de frotarlas con una parte del vestido de la Virgencita.
A la capilla del cerro del Calvario se traslada la réplica de la imagen de La Bella para esta ocasión, pero también existe en la capilla una piedra con la imagen de la Virgen, y que los relatos orales dicen que es testimonio de la aparición de nuestra Señora a unas partorcitas del lugar. Frente a estos iconos marianos, los peregrinos ofrecen sus oraciones y piden protección. No es raro escuchar a devotas campesinas que presentan a la Mamita sus quejas y sus llantos por sus sufrimientos familiares y limitaciones económicas.
De retorno al pie de la colina del calvario, los peregrinos disfrutan de momentos de descanso y de las variedades de comidas y chicha que se ofrecen en los toldos, armados con este propósito, o sobre el césped debajo de los sauces del lugar.
Llama la atención que los Romeros de las provincias aledañas prefieren formar grupos familiares en las áreas verdes para compartir su devoción, sus expresiones religiosas profundas, sus deseos, su intimidad familiar, como también compartir la comida y bebida que han traído desde sus hogares con familiares y conocidos.
Cabe indicar que al pie del Calvario se puede adquirir ovejas, vacas, yuntas, caballos en miniatura (de yeso) bellamente coloreadas. Son costumbres típicas de esta fecha y de este lugar. Las artesanas y vendedoras de estas miniaturas son las señoras de Collpa Baja y de Puka Orko.
El día 24 de agosto es la fiesta patronal mariana. Los devotos y peregrinos que han llegado del interior de país, como también de Quillacollo, Tiquipaya, Capinota, Punata, Cliza, Tarata, Tiraque, Vacas, Totora, Mizque, especialmente de Sacaba, participan de las celebraciones litúrgicas en el templo. Los romeros se encomiendan a la mamita La Bella, le solicitan salud por la familia, buenas cosechas, prosperidad en su trabajo y medios de subsistencia. Al mismo tiempo le agradecen por todos los bienes materiales y espirituales recibidos. Este mismo día, en el lugar denominado “La Playa” ocurre un acontecimiento muy importante: una verdadera feria de productos nativos. Los campesinos venden/compran semillas de papa, oca, maíz, trigo, cebada, etc. De esta manera, se preparan para el próximo ciclo agrícola.
(*) El autor es director de la carrera de Filosofía y Letras de la Universidad Católica Boliviana.























