Comenzó la «guerra con globos»
La fiebre del carnaval comienza a cundir. El juego con agua se apropia de las calles del norte de la ciudad de la mano de los jóvenes, que viven una fiesta anticipada. El blanco de los globazos suelen ser las adolescentes, que aunque no participan del juego son alcanzadas por los veloces globos a veces rellenos con agua congelada.
El juego con agua deja de ser inofensivo cuando los grupos de jóvenes comienzan un combate sin tregua, atrincherándose en las veredas de las calles con una provisión de globos casi inagotable. En medio de la contienda están los peatones y transportistas que deben esquivar los globos o tolerar que les llegue uno.
La batalla de globos abre paso a un intenso comercio de globos con agua, Las vendedoras ofrecen las inéditas municiones desde un boliviano. Ellas se encargan de llenarlas y distribuirlas con la ayuda de niños que ofrecen la mercancía por las calles en las que ya se vive el carnaval.
























