Guerra en Ucrania: comprender las motivaciones de Putin

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Publicado el 13/03/2022 a las 0h00
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Cyrille Bret

Estratégicas, ideológicas e históricas: las claves para entender los motivos de las operaciones militares en Ucrania.

La ofensiva rusa en Ucrania conmociona a Europa y preocupa al mundo. Hora tras hora, la opinión pública internacional sigue la evolución de la invasión rusa. En el fragor de la lucha, uno puede perder de vista las razones profundas y los objetivos estructurales de la invasión de Rusia a Ucrania. Para ver más claro, es fundamental examinar los argumentos desplegados por las autoridades rusas para justificar sus acciones. Pero justificar no es explicar. Y escrutar las justificaciones explícitas no permite dar cuenta de las motivaciones rusas. Lejos de ahí.

En la guerra de Ucrania, las cosas que no se dicen son tan importantes como las palabras. La narración oficial no lo dice todo. Pero es en sí misma elocuente. Para tratar de ver más claramente, hagámonos algunas preguntas aterradoramente simples: ¿por qué atacar a Ucrania? ¿Por qué ahora? ¿Y por qué de esta manera?

¿Por qué Ucrania?

Al inicio y poco después de arrancar la ofensiva, Putin justificó su “operación militar especial” basándose esencialmente en tres argumentos. Este discurso de propaganda dice lo que Ucrania es a sus ojos.

El primer argumento tiene que ver con la naturaleza que atribuye al Gobierno ucraniano: este Estado, independiente desde el final de la URSS en 1991, está supuestamente dirigido por una “junta”, está infiltrado por “movimientos neonazis” y constituye una colonia de los enemigos de Rusia. Estos pretextos que bordean el absurdo están destinados sobre todo a la opinión pública rusa. Se basan en una visión de la historia que ha sido ampliamente difundida en ese país durante varios años a través de libros de historia, películas, los intelectuales y las celebraciones oficiales.

Por un lado, las autoridades rusas destacan periódicamente el episodio de la Segunda Guerra Mundial en el que ciertos ucranianos del oeste del país acogieron a los invasores alemanes como liberadores. Y algunos medios rusos suelen insistir en la existencia —real— de movimientos de extrema derecha que cultivan ese anticomunismo que admira al régimen nazi.

Por otro lado, las actuales autoridades rusas nunca han ocultado el poco respeto que les inspira la clase dominante de Ucrania desde la salida del presidente ucraniano Víktor Yanukóvich, bajo presión popular, a finales de 2013. Para los líderes rusos en general, y el presidente Putin en particular, los sucesivos presidentes ucranianos, Poroshenko (2014-2019) y luego Zelenski (elegido en 2019) están demasiado respaldados por EEUU, son simples “títeres” y, por lo tanto, su Gobierno es ilegítimo. En resumen, una “junta” instalada por Washington para socavar el poder de Rusia en la puerta de su casa.

Pero más allá de esta visión histórica ideológicamente sesgada, el poder ruso está apuntando a Ucrania por razones estructurales.

Por su tamaño (40 millones de habitantes y el quinto país europeo más extenso), por su posición geográfica (entre Rusia y Europa, entre el Mar Negro y la zona del Cáucaso) y por su historia (Ucrania se ha integrado al imperio ruso en el siglo XVIII y luego a la URSS por la constitución de 1922), Ucrania es un elemento esencial de la narrativa del poder ruso: sin Ucrania, Rusia no puede ser completamente una potencia continental y, sin Ucrania, Rusia está en gran parte aislada de espacios estratégicos al sur y al oeste. Además, Ucrania tiene recursos (cultivos de trigo, costa, minas) que Rusia ha explotado durante mucho tiempo.

En resumen, Putin invade Ucrania para evitar que este territorio estratégico continúe alejándose de Rusia. Para el Kremlin, Ucrania debe ser atacada como prioridad porque constituye el eje de su influencia en Europa, pues limita con Hungría, Rumanía y Polonia. Al controlar Ucrania, Rusia reconstituye el “terraplén defensivo” que, según los estrategas soviéticos, debía protegerla de la influencia occidental.

¿Por qué ahora?

El calendario obedece a consideraciones de largo y corto plazo.

Las circunstancias recientes fueron, desde el punto de vista de Moscú, favorables para un ataque ahora. La presidencia de Biden se ve debilitada por la salida de Afganistán, la pandemia, las disensiones internas y la desconfianza de los aliados europeos; la presidencia de Macron está llegando al final de su primer mandato y el nuevo equipo de gobierno en Alemania está en su fase de instalación; la presidencia ucraniana está desgastada por tres años en el poder; los altos precios del gas y el petróleo durante un año han permitido a Rusia reconstruir sus reservas de divisas, y la opinión pública está obsesionada por la pandemia y la recuperación económica.

Además, Rusia ha estado probando a los occidentales con maniobras militares desde diciembre, y ha descubierto que ningún Estado está dispuesto a arriesgarse a una confrontación directa con los ejércitos rusos. El cambio de año ofreció una verdadera ventana de acción para Rusia en Ucrania.

El tempo también obedece a tendencias más largas. Por un lado, EEUU parecía perder interés en Europa, y concentrarse en el enfrentamiento entre colosos del siglo XXI: su rivalidad con China. El lanzamiento de la alianza de EEUU y el Reino Unido con Australia (Aukus, por sus siglas en inglés) en detrimento de los intereses franceses también ha despertado cierta desconfianza en Europa. Como resultado, la OTAN se vio atrapada en una nueva crisis de confianza después de la presidencia de Trump.

Por otro lado, el calendario político ruso no presenta riesgos reales para el Putin: tras dos décadas en el poder, su estatus está definitivamente establecido y las disputas están muy bien controladas. Y el regreso de Rusia a dos Estados clave de la antigua URSS, Bielorrusia desde 2020 y Kazajstán desde 2021, permitió a la Federación encontrar alianzas inversas. Finalmente, y quizás lo más importante, Ucrania comenzaba a recuperarse después de la anexión de Crimea y el comienzo de la guerra en el Dombás.

En resumen, la invasión a Ucrania llega después de ocho años de desgaste del poder ucraniano y 20 años de críticas a la OTAN.

¿Por qué de esta manera?

El lunes 21 de febrero, cuando el Presidente ruso reconoció como Estados independientes a los enclaves separatistas del este de Ucrania, aún quedaban abiertos tres grandes escenarios para la intervención rusa: un escenario mínimo de expansión en territorio ucraniano sin combates; un limitado escenario de guerra para establecer un control sobre la costa del Mar Negro y en la cuenca del Don (Dombás) y un escenario de conquista maximalista. Se optó por una guerra de alta intensidad en todo el territorio ucraniano.

¿Por qué esa magnitud en el movimiento militar y diplomático? Se trata de su concepción acerca de las sanciones. Ya sea porque consideró poco convincentes las amenazas de sanciones económicas occidentales o que las vio como un costo ya pagado en gran parte por su acción en Ucrania, el Kremlin apuesta, una vez más, por el efecto de unión sagrada que podrían tener las sanciones: impacto por una crisis económica casi seguro, la sociedad rusa se verá empujada una vez más hacia una oleada de solidaridad con sus gobernantes, al menos ese es el cálculo de Vladímir Putin.

Lo mismo ocurre respecto de su poder bélico. Desde 2008 y la guerra con Georgia, Rusia ha modernizado su aparato militar. Ha llevado a cabo dos planes de equipamiento y modernización de todas sus fuerzas desde 2009; se ha endurecido en Siria; ha complementado sus capacidades militares con capacidades cibernéticas y mediáticas. Y ha reconstituido una red de alianzas militares con China, los países de Asia Central y Bielorrusia que le permite llevar a cabo esta ofensiva.

En resumen, Rusia está atacando masivamente a Ucrania porque confía en sus fuerzas armadas. Para Moscú, esta victoria militar (que la expone a reveses políticos a largo plazo) será sin duda motivo de orgullo nacional.

Finalmente, y quizás lo más importante, la estrategia elegida tiene como objetivo intimidar a los europeos e impresionar a los chinos. Amenazados con la fuerza nuclear si impiden la acción rusa, los Estados miembros de la UE observan impotentes cómo las tropas rusas avanzan en su control del territorio ucraniano. En cuanto a la asociación con China, Rusia está reequilibrando su posición como socio menor, al llevar a cabo una acción militar desinhibida y victoriosa.

De por qué, a para qué

En resumen, Rusia está invadiendo Ucrania para reconstituir su poder, en un momento en que es militarmente capaz y cuando corre el menor riesgo estratégico. Pero, ¿qué hará con su victoria? ¿Estará satisfecha con una “desmilitarización” de Ucrania como afirma? ¿Establecerá un gobierno favorable a Moscú? ¿O se comprometerá a anexar gradualmente todo o parte de Ucrania?

Entre la justificación de la invasión y la propaganda sobre esa acción, hasta la creación de un nuevo orden estratégico, puede haber un gran trecho.

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* Cyrille Bret es filósofo y alto funcionario francés del sector de defensa, seguridad y administración, docente del Instituto de Estudios Políticos de París y exdocente de la Escuela Politécnica, la Escuela Nacional de la Magistratura y la Sorbona.

Slate.fr publica sus artículos.

(Traducción: Norman Chinchilla)

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