Una mirada a nuestro futuro
Las muertes de la Alcaldía de El Alto causan enorme pena, gran indignación e impotencia. Decir eso es casi un lugar común, pero merece ser reiterado. Ahora bien, hay una serie de detalles que empeoran la situación, porque si realmente se comprobara que el Gobierno ha tenido algún tipo de participación en el fatal desenlace de la marcha de padres de familia del martes, estaría ahondándose la crisis de credibilidad y de legitimidad por la que éste está pasando a niveles eventualmente insostenibles.
Si hay algo que es verdaderamente absurdo es el pretender culpar a la alcaldesa Soledad Chapetón por la suerte que corrieron los funcionarios de la Alcaldía, porque ella no hubiera mandado desalojar el edificio municipal. En primer lugar porque ese espacio, salvo en una situación de verdadera catástrofe social, debería ser absolutamente seguro, entre otros motivos porque es el edificio más importante de una ciudad de 800.000 habitantes, y porque hay varios puntos policiales que están muy cerca. Por lo demás a menos que se considere a los alteños como seres salvajes y de instintos delincuenciales, no se puede inferir, que una marcha de padres de familia pueda ser algo que implique ese tipo peligro, se supone que los padres de familia son básicamente personas sensatas. (No estamos hablando de cocaleros).
Después de los sucesos, hasta se les podía dar la razón a la gente del Gobierno que ha alzado su voz contra Soledad, pero Quintana, Siles, el Cretino (sabemos de quién se trata) y los demás, deberían empezar sus acusaciones diciendo algo así como: ¿Acaso no conoce la Alcaldesa, la clase de forajidos, de delincuentes y hasta de criminales que tenemos dentro del MAS? ¿Acaso no fue advertida claramente por nuestro compañero Rocha de que él sería su pesadilla por el fin de su vida? ¿Acaso no conocía ella el prontuario del compañero Rocha?
Solo como anécdota, vale la pena mencionar que lo acontecido el 17 de febrero pasado, hace un poco de recuerdo a lo que sucedió el 13 de febrero del 2003. Esta vez no fueron los estudiantes los manifestantes, sino los padres, y esta vez no estaba la Policía en huelga, sino que actuó como si lo estuviera. Pero esta vez, las hordas organizadas ingresaron en la casa de gobierno, la destrozaron y mataron gente, (destruyendo además evidencias que incriminaban a la administración previa). Tiemblo al pensar en lo que hubiera sucedido si Soledad Chapetón hubiera estado en el edificio en ese momento.
Pero hay algo más que puede arruinarnos no sólo el día, sino por un largo espacio de tiempo en lo que respecta a los sucesos de El Alto, y es que estos pueden verse como un preludio, como una muestra, de lo que sucederá el día en que el MAS, luego de perder en una elección presidencial deje de estar en el poder.
Rocha que es un personaje del inframundo y se ha expresado consecuentemente, le ha dicho a Soledad, hace casi un año, que será su “pesadilla” por el resto de su vida. El Vicepresidente, de una manera mucho más académica, chuta, pero académica al fin, ha dicho lo mismo, ha dicho que Evo es el único actor político que tiene la capacidad de controlar la calle, vale decir, los movimientos sociales. Imagínese amigo lector, lo que eso implica. Me refiero a los cocaleros de siempre, para empezar, que pueden paralizar, como lo hicieron antes, a todo el país, y con ellos sólo empieza la lista. Si vemos los resultados de una supuestamente inocente marcha de padres de familia, el futuro gobierno no masista tiene que sentir pavor y los ciudadanos de la misma manera.
Si, tal vez lo del martes haya sido un ejercicio didáctico, brutal y criminal, pero dicen que la letra entra con sangre. No, ni hoy ni en el futuro inmediato hay nada que celebrar, este es un país cautivo de sí mismo, y no por falta de mar, que dicho sea de paso esta es la primera vez que me hace falta, pero sólo para sumergirme entre sus olas sin poder nadar bien… al estilo Alfonsina.
El autor es operador de turismo.
Columnas de Gonzalo Pinto Dávalos




















