Poder versus saber en la Universidad
¿Por qué es importante evaluar el sistema de gobierno de la Autonomía universitaria para pensar la democracia? Por una parte, el régimen de la Autonomía universitaria ya lleva un buen tiempo de ejercicio. Desde la recuperación de la democracia a la fecha este sistema ha desarrollado mecanismos institucionales de decisión y administración que requiere evaluarse, como una experiencia autárquica de descentralización del Estado que nació con un fin superior a los intereses de la coyuntura y, en global, de la política. Por otra, es el régimen de autogobierno que contiene en su seno y estructura institucional modalidades “radicales” de gestión democrática: el cogobierno docente-estudiantil que va desde la base (carreras, facultades) a la propia cabeza organizativa y de mayor poder decisional (Rectorado y Consejo Universitario).
Los datos y hechos en torno a la crisis de este sistema ya hicieron aguas. El pasado año un conflicto derivado de una decisión extraordinaria del Rector de la UMSS ocasionó el paro de actividades académicas a lo largo de casi un semestre y la confrontación violenta entre estudiantes y docentes. En otras universidades públicas del país el descrédito en torno a la calidad de la educación superior y, de su funcionalidad en relación a la sociedad son lugares comunes. Hace apenas un mes, en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno de Santa Cruz (UAGRM), la confrontación violenta respecto al cuestionamiento del proceso electoral de la principal autoridad, visibilizó la dinámica perversa que campea en el campus universitario. No hay forma de ocultar o matizar la realidad de la crisis política que en los hechos desborda la institucionalidad del régimen autonómico universitario.
La crisis lleva consigo al propio horizonte de sentido de la Universidad y de su rol en y para la sociedad. Se dice, desde distintas alocuciones, que la Universidad requiere redefinir su horizonte u orientación filosófica respecto al nuevo contexto de transformaciones que acontecen en el país y en el mundo. Volverla más flexible en sus estructuras organizativas, académicas y de vinculación con la sociedad para adaptarse a las dinámicas y cambios económicos, tecnológicos, sociales, institucionales, etc., que acontece por todo lado. Empero, al parecer, esas enunciaciones terminan en discursos e ilusiones normativas de buenas intenciones, ya que no se dice mucho o casi nada respecto a la estructura de gobierno, de reproducción del poder y a la política que rige y sucede en la Universidad.
Se ha escrito algo y, quizás, se ha denunciado más sobre cómo la Autonomía universitaria ha derivado a lo largo de las últimas tres décadas de un régimen de autogobierno sustentado en la participación y corresponsabilidad democrática de la comunidad universitaria (docente-estudiantil) a un régimen en la que la dinámica política y de gobierno se define a través de procesos electorales y, por ende, del establecimiento de grupos de poder sedimentados en la lógica de la competencia electoral y, del replanteo de la correlación de fuerzas en disputa. No importa quién y para qué se eligen a las autoridades, lo que importa es la eficacia de los grupos y tiendas políticas (disfrazadas de las mejores intenciones) en los resultados electorales y, a partir de ello, en la reproducción de sus estructuras de poder. Así, la Autonomía universitaria virtualmente ha sido coaptada por intereses de grupos que administran los espacios de organización y gestión universitaria en función a los recursos y a los dispositivos de la Autonomía, esto es, el control de las prerrogativas decisionales, beneficios y reproducción de redes de influencias y clientelas.
Como denuncian propios y extraños: el saber (el conocimiento, la academia) está supeditado y encasillado al poder. Un poder que en el caso de la Universidad pública paradójicamente emana y crece de su propio sistema de autogobierno. Las consecuencias son nefastas y profundas, puesto que la Universidad a lo largo del tiempo dejo de ser lo que era o, mejor, lo que se buscaba que fuera: un pivote de producción y extensión de conocimientos. Y, el sistema de gobierno de la Autonomía universitaria devino en una maquinaria institucional de control, chantaje y manipulación del saber.
El autor es presidente del Colegio de politólogos de Cochabamba y docente de la UMSS
Columnas de FERNANDO L. GARCÍA YAPUR

















