Un proceso sin contenido
Hace más de 10 años había un contexto social muy rico en términos de desarrollar un discurso novedoso, que articule las demandas sociales, políticas y económicas del pueblo boliviano. Los intercambios entre líderes, dirigentes, grupos de mujeres, intelectuales y pobladores urbanos permitían un diálogo permanente sobre cómo afrontar los embates del imperialismo y las corrientes neoliberales. Son estos debates que permiten una lectura política muy lúcida, que entre muchas cosas consolido importantes avances en materia de reconocimiento de derechos que se plasmaron en la Constitución Política del Estado.
Sin embargo, las formas consolidadas del poder político, que implico la asunción del MAS-IPSP como partido hegemónico, término con desestructurar ese espacio y subordinar ese contexto de debate político, hacia la oficina gubernamental con la intensión de mantener el poder a cualquier costo. Entonces, la consolidación política gubernamental, desvirtuó la capacidad de crítica y autocrítica, por lo que el MAS-IPSP no pudo mantenerse consecuentemente y fiel a la demanda social. Cayendo y desviándose en el error del formalismo; eso es, el subjetivismo, el sectarismo y el estilo consignista. Podría decirse que se pierde la arena de debate y consecuentemente se asume como liberadoras las determinaciones realizadas en las oficinas y desde el poder. A esta forma elaborada de tomar las determinaciones políticas, se la llama formalismo, ya que se da primacía a las formas establecidas de poder antes que a las demandas y posicionamientos del pueblo.
Entonces, al caer en el error del formalismo, se produjo un viraje de lucidez hacia posiciones sin contenido y de simples artilugios discursivos, para aparentar que se mantiene vivo el espíritu revolucionario de una década atrás y asumir como revolucionario-transformador cualquier acción que el Gobierno emprenda, aun si ésta no cuadra con la naturaleza o los procesos de resistencia de la sociedad boliviana.
García Linera cuando menciona que la quinta fase del proceso de cambio es la de las tensiones creativas, confirma este giro hacia al formalismo, ya que en el fondo lo que hace es justificar que las determinaciones y el debate sobre el devenir del pueblo boliviano sólo sean válidas si se hacen por el grupo de poder en función estatal. En un debate más amplio, la pérdida de la capacidad de negociación e influencia del pueblo sobre su devenir, es sin duda, la mejor muestra de la modificación y reducción de las capacidades democráticas, en el entendido que se excluye a quienes no comulgan con la mantención del poder del Gobierno de turno.
Así, el pueblo despojado de la capacidad de ingresar al debate sobre su futuro, debe conformarse con las consignas vacías de quienes ostentan el poder estatal. Escuchando acalorados debates contra el imperialismo, pero viendo cómo se financian carreras de orden colonial como el Dakar, viendo como nuestros líderes se llaman defensores de la Pachamama pero firman y avalan los planes de desarrollo de corte extractivista y de graves consecuencias ambientales.
Pero al margen de ello, el hecho de que se modifique y monopolice el espacio del debate y se descalifique y estigmatice como neoliberal, pro-yankee a las propuestas que no salen de quienes ostentan el poder, nos muestra que del proceso de cambio sólo queda los recuerdos y las tumbas de los muertos y que el mismo es simple y consignista sin capacidad real de asociar el discurso con la práctica y por tanto un proceso vacío y sin contenido.
El autor es sociólogo
Columnas de CÉSAR AUGUSTO CAMACHO SOLIZ




















