Cochabamba antropófaga
Hace un tiempo atrás en Cochabamba, los medios de comunicación daban la noticia de una niña que nunca volvió del colegio. Ella con nueve años de edad, luego de una intensa búsqueda, fue encontrada por su madre moribunda. Había sido violada.
Al otro lado del mundo, el 2016, cinco hombres participaban en las fiestas de San Fermín en España, estos eran integrantes de "La Manada" y agredieron sexualmente a una joven de 18 años. En Chile, en el mes de mayo, una mujer de 28 años denunció haber sido asaltada y violada por cinco hombres, vestidos presuntamente con camisetas del club de fútbol Universidad de Chile, luego de un partido.
El miedo a la agresión sexual, no pertenece a un género determinado y parece que se democratiza en casi todas las ciudades del mundo. Sin embargo, haciendo un sondeo en un círculo referencial de amigas, el miedo se inicia desde que cada una de ellas asume o anhela la territorialización de la ciudad, pero también aparece el fantasma de la agresión sexual. Vivir presuponiendo con mayor o menor intensidad, que se puede sufrir un acto sexual violento no consentido, configura definitivamente nuestro ser y estar en el mundo. Sobre todo en una ciudad que tiene los primeros lugares en los índices de feminicidio en el país.
Es claro, en esta ciudad estamos devorando los árboles, la mirada con campo de fondo, ante el boom de construcción de edificios de dudoso gusto estético y por supuesto a las mujeres. Aplicamos a pie de letra el lenguaje universal que parece vincularnos, y es el de la violencia. Una que se anida en cualquier clase social, que invade con su presencia de monstruo la vida de quien ha tenido que padecerla. En ese contexto, hay las que se atreven a ponerle rostro y las que en silencio han tratado de superarla.
¿Qué acciones quedan? En Chile, en la página oficial de la barra del club de la Universidad de Chile, hay un mensaje de la hinchada hacia esos violadores donde se denuncia fervientemente el abuso. En España los violadores han sido condenados a nueve años de cárcel, además, durante el juicio grandes movilizaciones de gente se hicieron eco. En Cochabamba, no se ha sabido más del destino de esa niña, ni si sus violadores han sido encontrados.
Entonces ¿La antropofagia sigue su ruta impune? Las marchas estacionales se diluyen ante una indiferencia generalizada. En este lado de la vida, la violencia que devora nos concierne a todos y la desidia no le pertenece a nadie, es la desidia de todos.
La autora es escritora
Columnas de CECILIA ROMERO


















