El contexto y el “populismo pirómano”
El artículo titulado Populismo pirómano, del columnista Gonzalo Chávez, publicado en este matutino el pasado martes, propone un interesante escenario para el análisis en cuanto a modelos y patrones de desarrollo, para ver el camino recorrido y saber si tenemos una alternativa clara o estamos hablando de profundizar el modelo actual.
La propuesta de haber alcanzado el máximo punto dentro del modelo actual se contrapone con el hecho de que lo que se plantea es una profundización del mismo modelo en términos de distribución y redistribución con el aprovechamiento de los recursos naturales encabezado por el Estado, buscando la diversificación de la matriz productiva; por otra parte, no se puede identificar una alternativa en el contexto político, toda vez que convergen en los puntos que ya se han agendado en términos de igualdad o distribución, sin tener mayor aporte.
Al tocar el tópico de patrones de producción, lo hace con una visión sesgada en el discurso de “primario extractivista”, sin embargo, es necesario que podamos abrir la mirada hacia lo que se ha logrado, puesto que más allá de los cuestionamientos que se puedan tener con el actual patrón, es innegable que el país avanzó históricamente hacia la ruptura de este mediante la inversión pública y no solo en el campo hidrocarburífero, donde se está trabajando en la incorporación de valor agregado con el complejo petroquímico.
Un punto notable de quiebre del patrón está en el campo energético, donde se ha pasado de una deficiente satisfacción de la demanda eléctrica a un superávit que ha colocado a Bolivia en posición de exportar este importante recurso. Asimismo, se ha apostado a la producción amigable con el ambiente, con la generación eólica y solar de energía eléctrica, con importantes proyectos que ya están en marcha.
Ahora, en cuanto a modelo económico, debemos acudir a la memoria para encontrar que hasta el surgimiento de la nueva Constitución, en 2009, el modelo estaba dado por el decreto 21060, al abrigo del Consenso de Washington, y solo a partir del nuevo texto constitucional es que reconocemos a la economía boliviana como plural e incorporamos a todos los actores y las formas de producir, y allí volcamos la mirada para poder diseñar un modelo que reconozca nuestras particularidades y deje de lado las recetas universalistas. Todo ello con un notable éxito que, hasta el momento, se ha traducido en una década de estabilidad.
Ahora bien, en las “reglas de juego formales e informales”, debe admitirse que la nueva Constitución es el marco normativo que integra ambos mundos y establece el espacio para que se reconozcan existencia mutua y necesaria. Sin perder de vista que este reconocimiento deviene de un proceso doloroso y necesario.
Finalmente, debe tenerse en claro que el momento actual tiene un común denominador, y es el de la estabilidad, lo que instaura un ambiente propicio para el desarrollo de la actividad pública como privada. Esto no es patrimonio del Gobierno sino de la bolivianidad. Entonces, después de analizada la “piromanía populista”, también resulta que no existe una propuesta clara que se presente como alternativa. Sin dejar de lado que, en el fondo, pretende una “solución por el desastre” tratando de reinventar todo, dejando de lado lo que se ha avanzado en la última década, lo cual resulta cuando menos, dudoso.
El autor es economista
Columnas de RAFAEL VILLARROEL

















