Paren la barbarie
El expresidente Evo Morales admitió en México, en una entrevista con la BBC, que “a los movimientos sociales, al movimiento indígena (y) al pueblo alteño sólo nosotros podemos parar”. Es, pues, tiempo de que lo haga. La caída de más ciudadanos bolivianos, y el inminente riesgo de la pérdida de más vidas humanas, es suficiente y abundante motivo para que quien tiene el poder de evitarlas actúe de inmediato.
No existe motivo, argumento ni justificación para no actuar ante la gravedad de los hechos que sacuden, desangran y convulsionan al país. Ni siquiera la lucha por el poder que es, en definitiva, el origen de la crisis desatada en Bolivia ni bien concluidas las elecciones generales del 20 de octubre.
Si existe una verdadera convicción democrática en los líderes del Movimiento Al Socialismo (MAS), esa lucha por el poder tendría que librarse en las urnas en otras elecciones generales; no en las calles con manifestaciones violentas ni con la acción de grupos organizados para perpetrar atentados contra los bienes públicos, provocando la consiguiente reacción de las fuerzas del orden y los órganos encargados de velar por la seguridad interna.
La población no es la responsable ni puede pagar las consecuencias de actuaciones y decisiones desatinadas de quienes en su momento tenían la posibilidad de reencauzar las secuelas de unas elecciones generales que, si bien fueron ganadas por el MAS, perdieron total legitimidad y credibilidad por las irregularidades abundantemente conocidas y certificadas, más tarde, por una auditoría de la OEA.
Pero no. Mientras en Bolivia la situación sólo tiende a complicarse día que pasa, tanto en México, donde se encuentran asilados los exgobernantes, como en Bolivia, donde la bancada mayoritaria en la Asamblea es del MAS, parecería que el propósito es, únicamente, el de esperar que el conflicto siga cobrándose la vida de bolivianos para reforzar el aparataje propagandístico internacional destinado a reforzar la teoría de que en Bolivia se produjo un golpe de Estado.
En estos días sombríos se están abriendo, de forma premeditada, heridas y odios sociales que únicamente buscan sembrar la inestabilidad permanente. Y ése no es, no puede ser, el camino. Definitivamente no.
Quienes tienen el poder de parar esta barbarie y evitar más muertes, pues háganlo de inmediato en vez de ufanarse de ello. La pacificación del país no llegará si se la encomienda únicamente a la Policía y a las Fuerzas Armadas.
















