Espejismo de “normalidad”
Muchos dicen, después de la renuncia de Evo Morales, el 10 de noviembre, que es momento de “olvidarse” de él y volver a la “normalidad”.
En las cuentas de redes sociales de medios de comunicación aparecen, con más frecuencia, mensajes de usuarios que critican las noticias vinculadas con el exmandatario quien, desde México, no ha dejado de tuitear y dar conferencias de prensa.
Quieren que los medios dejen de informar sobre Evo Morales porque tal vez creen que así su nombre, lo que hizo y lo que hace desde su exilio se olvidarán. Sin embargo, eso no va a pasar, así ya no se publiquen más notas sobre él en Bolivia.
Hay también quienes piden minimizar la represión y las muertes ocurridas desde que asumió el gobierno transitorio de Jeanine Áñez. Muchos mensajes dicen: “Es una lástima que gente muera, pero…”, y otros incluso creen que los medios, al informar sobre estos trágicos sucesos, están incitando a la violencia.
Es comprensible que después de días traumáticos se quiera olvidar lo sucedido, pero aunque en algunas ciudades las actividades se regularizan, nada es aún “normal” en Bolivia. En La Paz, El Alto, Sacaba, la zona sur cochabambina y provincias de varios departamentos hay enfrentamientos, bloqueos, cercos y, sobre todo, muertes.
Los medios de comunicación y los periodistas no pueden dejar de informar, con la importancia que merece, que en la última semana han fallecido 17 personas por bala en el país, y tampoco dejar de señalar que hay varios indicios de que es el mismo Evo y su partido quienes tienen un rol fundamental en la violencia.
No mostrar la realidad y no querer verla puede ser muy peligroso porque puede llevarnos a creer en espejismos que pueden desaparecer en cualquier momento.
Informar desde todos los frentes es el rol de la prensa, no puede dar placebos, y una población que ha peleado por la democracia debería poder verlo y aceptarlo.
La autora es Jefa de Redacción de Los Tiempos
Columnas de María Julia Osorio M.
















