Autodenominada RJC debe dejar de agredir
En palabras del escritor y activista indio Arun Gandhi, quinto nieto de Mahatma Gandhi: “La forma más fácil de controlar a la gente es a través del miedo”.
Y justamente eso está sucediendo con la autoproclamada Resistencia Juvenil Cochala (RJC), cuyos miembros, ante la vista y paciencia de la Policía, han protagonizado una serie de actos violentos, agresiones físicas y verbales, abusos y amedrentamientos a sectores de la sociedad que no comulgan con sus lineamientos políticos o ideológicos en “su defensa de la democracia”.
Repasemos algunos casos. Cuando el dirigente cívico potosino Marco Pumari visitó la UMSS, hace un par de semanas, un integrante de su cuerpo de seguridad (supuestamente miembro de la RJC) empuñó un arma de fuego en medio de las manifestaciones entre estudiantes y personas ajenas a la UMSS.
En la vigilia que realizan asambleístas locales (con apoyo de gente de la RJC) en puertas de las oficinas de la Defensoría del Pueblo que piden la renuncia de Nelson Cox, una mujer fue detenida al tratar de ingresar al inmueble portando en el interior de su mochila un arma de fuego y granadas de gas. Ella niega ser integrante de la RJC, pero las redes sociales la identificaron como activista de esa agrupación.
Hace tres días, mientras se elegían los vocales para el Tribunal Electoral Departamental, también se suscitaron hechos de agresiones y amenazas de miembros de la RJC contra sectores de la ciudadanía, del MAS y periodistas de varios medios de comunicación. En esa ocasión, miembros de la RJC amenazaron frontalmente a la prensa para que no les filmaran sus caras e incluso uno de ellos mostró a un reportero gráfico su arma de fuego que llevaba en su cintura.
En estos casos la Policía no actuó de manera imparcial y dejó pasar de lado todos estos hechos, haciendo caso omiso al mensaje del Gobierno de transición que es mantener la pacificación del país y garantizar las elecciones generales.
El autor es editor de la sección Mundo de Los Tiempos
Columnas de ALFREDO JIMÉNEZ PEREYRA


















