Estamos frente a nuestra mayor prueba
Analizando lo que nos está tocando vivir, comprobamos que la constante es la prueba y el cambio. Estamos con la duda acerca de que si volveremos a vivir en el futuro mediato como estábamos acostumbrados a hacerlo, y qué de lo que hacíamos, de manera regular, ya no será posible repetir. Nadie se atreve a hacer vaticinios.
Y, sin embargo, habrá un día después.
Para llegar a ese espacio idealizado, ahora dependemos de tres variables complejas que deben ser enfrentadas; la capacidad del sistema de salud para dar respuesta a las demandas de la población; la necesidad de respuesta económica que supere la paradoja entre morir infectado o hacerlo por hambre con un sistema que anuncia su colapso; y la necesaria gobernabilidad que mantenga un orden concertado, en la medida de lo posible.
Weber dice que la autoridad es la posibilidad de ser obedecido. Dudar, cuestionar a la autoridad sobre su capacidad y su idoneidad en una crisis como la que estamos atravesando, puede resultar de altísimo riesgo, aunque exista razón para ello.
No hay un libreto previo y las dificultades la tienen también las potencias que vivían en la opulencia. Frente a esa realidad, tenemos que fortalecer la gobernabilidad, confiar y pedir, demandar y lograr que el poder escuche y acepte. Sin dejar de ser críticos, pero siendo responsables con la coyuntura, necesitamos concertar y cumplir.
Debemos encontrar un mecanismo de consciencia que permita reconocer esta realidad y nos comprometa con una conducta colectiva de salvación. Tenemos todavía un tiempo para adecuar este modo, precoronavirus, de médicos sin relevos y uniformados poniendo orden por la fuerza. La ruptura de este orden precario, no tendría retorno.
Simultáneamente a este escenario inflexible, existen tres variables prácticas, que está en nuestras capacidades desarrollarlas y fortalecerlas y que se adelantaron a dar respuestas con un efecto pedagógico y de emulación:
1. un liderazgo claro, público, privado, social o comunitario,
2. un sistema organizativo en toda su diversidad, funcionando, y,
3. un trabajo previo de cohesión concertado en torno al turismo, la producción agrícola, la solidaridad, el altruismo y el desarrollo económico local, que ofrecen contención social.
Cuando vemos que ellas están presentes en Oruro, Patacamaya, Ascensión de Guarayos, San José de Chiquitos, Tiahuanaco, Jesús de Machaca, Roboré, Trinidad, San Ignacio de Velasco, algunos municipios del Chapare, Vallegrande, San Javier donde han proporcionado respuestas concretas y establecido una diferencia en relación a la pandemia, encontramos que esos niveles de consciencia han logrado superar la medida del individualismo.
Existen ejemplos, también a nivel mundial, de lo que podríamos hacer y de lo que no hay que volver a repetir. Uno de los positivos lo encontré en la categoría amae, concepto de la cultura japonesa que explica una forma de ser en las relaciones con los demás: “el cuidado puesto para cuidarte, y vos a mí”. Amae, una palabra con un significado sobre el amor básico que suele darse en la relación madre-hijo habitualmente, pero que hace referencia a la necesidad, de cualquier persona, de ser amada y cuidada. Los japoneses consideran amae como una necesidad para el desarrollo de las relaciones sociales y afectivas, y les ha ayudado a contener mejor al coronavirus.
Es un término descrito y analizado en detalle por el psicoanalista Takeo Doi, que lo considera como un fenómeno basado en sentimientos expresados en la conducta. En nuestra cultura, esta dependencia emocional con otra persona es algo que no entendemos, pero podemos identificarlo como un amor altruista, de carácter desinteresado, preocupado por el cuidado del bienestar de los demás: la persona se siente bien cuando actúa en favor del otro sin esperar nada a cambio.
En esa condición, es inentendible el tener que llegar a un estado de sitio para cuidarnos y cuidar a los otros. Por eso, nuestra mayor prueba es con nosotros mismos y estamos obligados a superarla.
El autor es director de Innovación del Cepad
Columnas de CARLOS HUGO MOLINA



















