De Lanchipa y de otras ch’ipas
Primer acto
El pasado 20 de marzo, la diputada del MAS, Juana Quispe, llamó "malagradecido" a Juan Lanchipa, Fiscal General del Estado, porque, según dijo, él no estaba investigando las muertes ocurridas en Senkata y Sacaba durante la crisis política de octubre y noviembre, después del monumental fraude electoral que montó el gobierno de Juan Evo Morales Ayma y que derivó en la anulación de las elecciones generales del 20 de octubre.
"El fiscal, de oficio, ya debería saber hasta este momento, debería identificar quiénes son los autores, los policías motines o los militares porque se trata de vidas humanas", dijo Quispe. Recordemos que la autoridad fue designada en la Asamblea Legislativa por la mayoría de asambleístas del MAS. "Los bolivianos nos han elegido a nosotros y nosotros, según las notas que se han presentado para la postulación para fiscales, se ha (sic) elegido por mayoría legislativa, ahora el Fiscal se ha convertido en un represor, violador de los derechos humanos de Bolivia", enfatizó la parlamentaria.
Segundo acto
El ministro de Gobierno, Arturo Murillo, instó a que renuncie al Fiscal General del Estado, Juan Lanchipa, al acusarlo de ocultarse porque fue amenazado por los masistas.
"Desde que lo amenazaron los del MAS, se ocultó. Si no tiene valor para seguir en su puesto y hacer su trabajo, solamente tiene un camino, renuncie y váyase a su casa”, dijo Murillo.
Murillo aseguró que el Fiscal General "ha desaparecido" y no responde a llamadas, a la vez que le invitó a "dar la cara" y a que "no se oculte".
"No hay espacio para cobardes", concluyó el Ministro, que ya en otras ocasiones acusó a jueces y fiscales designados con el anterior Gobierno de Evo Morales, como es el caso de Lanchipa, de actuar en contra del Ejecutivo transitorio de Jeanine Áñez.
Tercer acto
El Ministerio de Justicia presenta una denuncia penal contra Juan Lanchipa, por los delitos de uso indebido de influencias y beneficio en razón del cargo con el fin de manipular el sistema informático a su favor, cuando presidía el Tribunal Departamental de Justicia de La Paz, en 2018. El viceministro de Transparencia Institucional y Lucha Contra la Corrupción, Guido Melgar, dijo que el caso denunciado está vinculado a una acción de libertad que pasó de un juzgado a otro de manera irregular. “Para habilitarse como candidato a Fiscal General, habría hecho manipular junto con otras personas el sistema de sorteo de causas para beneficiarse", concluyó Melgar.
En resumen
De la gran Movid-14 a la Covid-19. Una amalgama desconcertante que ahora tiene sus efectos más letales en este país que ya ingresó a cuidados intensivos. La primera, producto de una borrachera de poder y derroche de dineros generales e indefinidos. La segunda, una pandemia implacable que ya se cobró la vida de 846 personas y que desvela la deficiente situación en materia de salud pública. Bolivia, azotada por un virus que sume al país en duelo nacional, todavía tiene que enfrentar otra pandemia iniciada hace 14 años y que aún juega tiempos adicionales indefinidos, incluyendo, claro está, a este Gobierno de transición que ya solicita anticoagulantes con urgencia.
El Gobierno de Evo Morales y el MAS presentaron graves síntomas de corrupción desde hacía mucho tiempo, pero la a vacuna para inmunizar a su gran Movida fue descubierta sobre el pucho: dominarlo todo, estar en todo, controlarlo todo, amenazar por todo sin dejar ningún cabo suelto.
Ese capitalismo de Estado que siempre trajo como encargo la corrupción, el clientelismo y las elites de poder se encargó de destruir la esencia de Estado. Y de pronto, los tres poderes juntos, unidos en un solo haz de voluntades, pudieron hacer una sola fuerza más allá del bien y del MAS al servicio infinitum del jefazo. Poder Ejecutivo, Judicial y Legislativo siempre trabajando en pos de la gran Movid-14, sin claudicar ni desfallecer. Actualmente las consecuencias son obvias.
La pandemia de la Covid-19 ha desorbitado por completo las estructuras sociales, políticas y económicas de los países y sus gobiernos. Ha marcado con rojo un antes y un después en el comportamiento humano con respecto a su entorno, sus relaciones interpersonales y su modus vivendi.
La Aldea Global de Marshall MacLuhan se ha reinventado en su concepto primario y básico: “Antes éramos habitantes de un mundo construido desde nuestro hogar y donde a lo sumo leíamos sobre tiempos y lugares lejanos”. Esta aproximación a lo elemental también continúa atada, desde luego, al papel fundamental de los medios de comunicación y la tecnología como mediadores y amplificadores de hechos, lugares y tiempos.
Sin embargo, tal parece que “El ancho mundo” de la aldea global ha ingresado, abruptamente, a un nuevo orden universal en completo desorden, es decir, la paz en la aldea ha terminado y comienza la guerra de todos contra todos en pos de la sobrevivencia, el dominio y la tenencia del fuego.
Relaciones humanas restringidas, distancia física, rechazo, intolerancia, individualismo, restricciones, negación, coerción, opresión, control, desorden, subversión, agresión, corrupción, (siempre existió, pero ahora está en su salsa y desarrollándose saludablemente), impunidad, amenazas y mucho más. Así como la pandemia de la Covid-19 es la tormenta perfecta para que el mal surja sin obstáculos, también es la ocasión ideal para que este mundo ancho y ajeno someta a un escrutinio implacable a gobiernos, Estados, personajes, gobernantes y ramas afines y haga que rindan cuentas de todo cuanto hicieron a espaldas de la verdad.
Caerán estúpidos muros políticos y políticos estúpidos que pusieron muros a sus pueblos. Jair Bolsonaro, el huido Evo Morales, Donald Trump, Nico Maduro, AMLO, Daniel Ortega, Lenín Moreno y otras especies, están en la mira.
En Bolivia, promulgada la ley de postergación de las elecciones generales para el 6 de septiembre, lejos de desch’ipar el panorama político lo enredó mucho más. Carlos Mesa, con su retórica de ni sí, ni no, más bien todo lo contrario, hizo que me preguntara, al estilo de Santiago Zavala: ¿En qué momento se jodió Carlitos? Al ponerse en modo campaña política y al exigir que se promulgue la ley para las elecciones, se puso, indirectamente, a tiro del masismo. Pusilánime, Mesa se me borró entero. Demostró, reivindicó su excelente retórica. Mucho discurso parco y obsoleto y poca acción y reacción clara sobre el momento crítico que vive el país. A su poca inteligente declaración sobre la promulgación de la ley para elecciones, yo le acuñaría otra. En el momento en que Mesa, Evo, Catacora y el MAS, exigían promulgar la mencionada ley, se suponía que se hacían “plenamente responsables” de los efectos que podría causar tal celebración en plena pandemia.
Preguntas sueltas que presagian graves ch’ipas sin salida. ¿En qué quedará la denuncia contra Copa y Choque por retardar ascensos de los militares? ¿Renunciará Lanchipa? ¿Se podrá evitar la fuga del expresidente de YPFB por el caso seguros? ¿Qué fue de Quintana y de todos los compinches que están bajo el paraguas de la embajada de México? ¿Se resolverá el caso respiradores? ¿El fugado, sin morales, por fin será juzgado? ¿El atoj Antonio continuará siendo ese oscuro objeto del deseo politiqueros oportunistas y ramas afines? ¿La amenaza de los mineros será simplemente como dijo el tata Quispe: “Perro que ladra, nunca muerde”? ¿La COB logrará volver a la cordura? ¿Catacora conseguirá recuperar su cuenta en Twitter?
"Cuando veas la sangre correr por las calles, es tiempo de comprar propiedades”, decía el Barón de Rothschild en 1757.
El autor es comunicador social
Columnas de RUDDY ORELLANA V.
















