Incendios forestales sin control
El país está enfrentando grandes incendios forestales principalmente en la Chiquitanía, por segundo año consecutivo, en el Chaco y en los valles mesotérmicos cruceños, lo que nuevamente pone en situación de emergencia a las autoridades locales, departamentales y nacionales. Sin embargo, pese a las experiencias acumuladas el pasado año, hasta ahora no se ha logrado tomar control de los incendios forestales, a pesar de que el país ha avanzado en la institucionalización de la Gestión de Riesgos con intervención directa en los gobiernos subnacionales, a través de sus respectivas Unidades de Gestión de Riesgos (UGR).
Los incendios forestales en el país son por el descontrol de la práctica del chaqueo para la actividad agrícola ganadera, que se realiza con mayor intensidad en el departamento de Santa Cruz. Entonces, cuando no se utiliza la técnica adecuada en el manejo del fuego ni las condiciones climáticas son favorables, la quema se convierte en incendio forestal.
Contribuye a los incendios la normativa referente a la ampliación de la frontera agrícola para ganadería, biocombustible, asentamientos, y otros usos que deben ser aprobados por el Estado. Sin embargo, en vez de evitar los incendios forestales, éstos dan lugar a la quema descontrolada, con consecuencias incalculables para la biodiversidad de nuestro país.
Los incendios forestales en el país tienen diferentes características según la región donde se producen, pero los más complicados son los que se producen en los llanos, porque dependen de varios factores, entre ellos: las condiciones climáticas (temperatura, vientos), tipo de vegetación, situación geográfica y otras anomalías que dificultan controlar el fuego.
El Gobierno central, a través de las Fuerzas Armadas, al momento de enfrentar el incendio debe coordinar con las gobernaciones y municipios, dotándoles de las herramientas y los equipos necesarios para combatir el fuego. Sin embargo, no es suficiente contar con los medios materiales, se necesita también un entrenamiento adecuado, por ejemplo, para los oficiales militares podría representar puntaje en su carrera profesional (ascensos). Así podremos contar con profesionales militares con especialidad en emergencias.
Volviendo al tema de la capacitación y recursos, la formación de la especialidad en bomberos forestales implica el uso de herramientas y recursos tecnológicos como ser imágenes satelitales, drones y también el funcionamiento de la Sala de situación o crisis, para que vaya retroalimentado con información permanente a las autoridades tomadores de decisión y a los comandos de incidentes.
El descargue de agua desde los aviones y helicópteros no garantiza la extinción del fuego si no se hace el trabajo en tierra, hasta liquidar las llamas. Ambas operaciones se complementan para controlar la expansión del incendio. Pero cuando el fuego ya está descontrolado, no hay tecnología ni una mayor cantidad de bomberos forestales que den solución, más aún, cuando hay otros factores como altas temperatura y fuertes vientos. En tales circunstancias, solamente la lluvia es la única alternativa que puede acabar con los incendios forestales.
Por otra parte, se necesita adecuar la Ley No.449 de Bomberos, de 6 de diciembre de 2013, pues como está formulada no permite responder adecuadamente a la atención de los incendios forestales porque tiene un enfoque amplio de los tipos de emergencia que maneja la Policía Boliviana.
Ante la recurrencia de incendios forestales en el país, es necesario que tanto las Fuerzas Armadas como la Policía Boliviana conformen escuelas de especialización en gestión de riesgos, donde la formación de oficiales sea parte de la carrera y se puedan graduar con mención en emergencia, así como se hace en España y Francia, con cuyos especialistas compartimos experiencias exitosas, durante la atención de los incendios forestales del año 2019.
El autor es abogado, exviceministro de Defensa Civil y coautor de la Ley de Gestión de Riesgos, y de su reglamento
Columnas de ÓSCAR CABRERA COCA

















