La izquierda reaccionaria
Sobre una deriva reaccionaria de la izquierda, ya había alertado Félix Ovejero, quien vino topándose, en España, con tal fenómeno, fundamentalmente traído de la mano de Pablo Iglesias, ese “ignorante palabrero”, como hace bien en llamarlo.
Dándole un cariz más definitivo y general al término, diremos que la izquierda reaccionaria es la que no ha hecho el duelo por la implosión de la Unión Soviética y menos por la “revolución” cubana, la que no ha pasado por ningún proceso serio de autocrítica, la que aún pese a todas las evidencias avala al castrismo o el chavismo; la que –y este ya es un síntoma de delirio– no se inmuta ante las múltiples acusaciones de crímenes de lesa humanidad que pesan sobre Maduro y Ortega. La que, finalmente, quiere imponer la cínica fábula de que Evo el Fraudulento no cometió ningún fraude. Es la izquierda que se ha amputado del pensamiento y de lo real. La que decide ignorar la realidad práctica y material de los ciudadanos.
¿Qué es lo real, en este caso? En este caso, lo real es por ejemplo el Informe Bachelet. Hecho por una socialista, su lectura es espeluznante y pone la carne de gallina. Ahí se detallan centenares de casos por los cuales no es ni exagerado ni inexacto llamar a Maduro como lo que es: un criminal. Y lo mismo vale, por supuesto, para Ortega y su bruja. El Informe Bachelet lo puede consultar cualquiera en Internet; es público.
La izquierda reaccionaria, además, ya ni piensa molestarse en mejorar o defender a víctimas, pobres y oprimidos. Al contrario: tiene víctimas, oprime y produce la pobreza.
No hay, ni nunca ha habido, nada más reaccionario que ponerse del lado de las “fuerzas del orden”, y ponerse implícitamente entonces del lado de carceleros, represores y torturadores. Como hace la izquierda latinoamericana –que es de las más vergonzosas e ignorantes del mundo.
Si alguna “revolución” hubo en Cuba, ésta no habrá durado más de un par de años. Que rápido se cernió, sobre la isla y sus desgraciados habitantes, una de las peores tiranías del continente (hasta el año 1997, estaban contabilizadas unas 100.000 encarcelaciones y unas veinte mil muertes directa o indirectamente a manos de los servicios de seguridad –Informe en el Libro negro del Comunismo, ese librote serio, documentado y casi enciclopédico en su tema). Pero Castro ahí estaba feliz, viviendo de los réditos de una ilusión que se había alumbrado por un instante.
El pasado de una ilusión se llama, justamente, un libro esencial para comprender las derivas de comunismos y socialismos reales, escrito por el historiador François Furet y que debería ser más leído por estos lares. Pero son muchos los libros de grandes pensadores europeos (Castoriadis, Morin) que trataron de explicarse qué pasó y cómo en la extinta Unión Soviética, que defraudó a rajatable y sistemáticamente todo cuanto se había prometido inicialmente. Nikolas Poulantzas, casi un clásico marxista inicialmente, un día no pudo soportar más la tensión entre una teoría estratosférica y los hechos duros de los socialismos reales y se arrojó, abrazado de sus libros, desde la torre Montparnasse.
No hay actualmente nadie, en Europa, que defienda o niegue el horror de los campos de concentración soviéticos. Pero sí, en cambio, la reaccionaria izquierda latinoamericana niega la atroz realidad venezolana, nicaragüense o cubana. Aparte de reaccionaria, es una izquierda arcaica. Que no piensa.
Que en su ignorancia no piensa ni conoce, por ejemplo, la obra de Hanna Arendt, de quien tan famosa es la expresión de la “banalidad del mal”. Ésta consiste, justa y simplemente, en la ausencia de pensamiento. Eichman quiere hacer bien su trabajo, burocráticamente, pero no se le ocurre pensar y preguntarse qué está pasando, por qué su tarea es organizar el transporte de millones judíos a unos destinos determinados. El mal no es una esencia diabólica, dice Arendt y tiene su origen en la estupidez propia de la ausencia de pensamiento.
Es esa ausencia de pensamiento propia de la izquierda reaccionaria, igualmente, la que hace ensalzar idearios de manual y desconocer la realidad desgraciada de los asesinatos, las cárceles, y la absoluta corrupción de los regímenes mencionados.
Mientras la izquierda latinoamericana no haga el funeral de la “revolución” cubana y cumpla su duelo, mientras no encare de una vez el encontronazo con lo real (Informe Bachelet), no tendrá nada que decir, no tendrá nada que proponer, no podrá pensar nada. Seguirá siendo, simplemente, como hasta ahora: reaccionaria, corrupta, banal y adobada en toneladas de estupidez.
El autor es escritor
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.




















