Tan lejos y tan parecido
El presidente de Ceilán, Sri Lanka o Shirilanca al fin ha manifestado que renuncia, después de haber saltado a la palestra para decir que se iba y renunciaba, pero no: sólo había manifestado y nombró un sustituto, su primer ministro. Bueno, manifestó que renunciaba aunque ya lo había hecho, pero dijo que no en realidad. La protesta popular manifestó su desacuerdo con su presidencia y dejó en claro que no lo querían. Él en cambio parecía que quería eternizarse y seguir con su régimen de corrupción y manifiesta impopularidad.
La policía pensaba que estaba a cargo de la seguridad nacional y falló. El ejército que no dijo esta boca es mía tuvo que mantener su silencio como si fuera una obligación.
En Túnez pasó algo parecido y se llamo la Primavera de Oriente. Todos pensaron que éste era el camino del cambio, pero tropiezos decidieron que todo cambiara para que nada cambie. Lo mismo en otros países donde incluso, en democracias establecidas y sin repulsa popular, cambiaron para que nada cambie.
Boris Johnson salió y dijeron que era la demanda popular, pero la verdad es que con un 19 por ciento de aprobación no es sólo demanda popular sino una especie de basta ya de payasos.
La derecha sigue gozando de primicia en un país donde las cifras inflacionarias no dan tregua, un país donde la derecha se cargó y encargó de privatizar la salud y prácticamente la vivienda. Un país con una herencia enfermiza de gobiernos conservadores que se jactan de ser los más progresistas y son en realidad lo más regresivo de la historia. El Brexit no fue sino una manifestación clara de un sentimiento enfermo de una política retrógrada que juraba mejorar la vida de los ciudadanos cuando de verdad la empeoró. Las políticas nacionales no siempre son correctas así se las crea como beneficiosas. Pensemos en el tema marítimo en nuestro caso. Los argumentos al final resultaron débiles y sin raíz en la jurisdicción universal. Fracaso que dejó una huella no muy clara, pero una huella de lamentables resultados. El mar se fue con las olas y la propaganda.
El tema de los juicios de responsabilidades es más bien un juicio de caprichos y no de realidades jurídicas. A la expresidenta Áñez se la considera un estorbo jurídico y no saben cómo agarrarlo, juicio de responsabilidades que se cae, juicio de golpe que se cae. Se ve que no hay realmente un ejercicio justo de la justicia y se descubre que de verdad el juicio, que debería de haber sido distinto, hace aguas por todos lados. El Pacto de San José refuta tanto que ya parece que de santo le queda sólo la O.
El narcotráfico hace carne, se ve en todas partes, una economía que florece o por lo menos no se marchita y es gracias al movimiento económico de las redes imperceptibles de la ilegalidad, una que por lo demás está totalmente protegida por una ausencia de control de fortunas. Hay un señor que no ha trabajado en su vida y que tiene más coches que la Toyota y más casas que una cooperativa de vivienda.
Ahora nos enteramos que los policías, mucho antes de ser policías, ya han sido víctimas del chantaje y explotación. Un postulante denuncia que tiene antecedentes penales y que para limpiarlos debe pagar 2.000 dólares. Un funcionario que ha endeudado a su familia para pagar salarios adelantados a los que le ofrecen trabajo, lo mismo en el magisterio y ni qué decir en la universidad. Ésta es la jauja de la coima y de la corrupción, pero mejor no decir nada, para qué hacer agua a nuestro barco si eventualmente nos beneficiaremos de posiciones que nos permitan usufructuar de nuestra inversión.
Todo parece que está muy bien cuando en el fondo todo está muy mal.
La inflación controlada, pero los precios siguen fluctuando como si fueran un yo-yo. Todo está bien, pero parece que no tanto. Los hidrocarburos se hacen más caros no tanto para el consumidor inmediato sino para el Estado. Estamos comprando diésel y gasolina a precios caros y por las subvenciones no lo sentimos, pero, Jesús, las sentiremos con tanta fuerza que el pollito de Bs 30 costará Bs 65 y ahí sin pollo huevón, sin carne huevón, qué chucha es lo que pasa huevón (grito que fue de la derecha chilena, pero totalmente adaptada a todo tema de inflación, tal como el pueblo unido…). En fin, seguimos con la idea de que todo es distinto, cuando en realidad nada ha cambiado. La pobreza sigue, un poco menos, pero sigue; el desempleo sigue, un poco menos, pero sigue. La industrialización todavía la medimos en extracción y no en producción limpia. Nuestros ríos contaminados con mercurio, nuestros lagos con plásticos y deshechos humanos. El Poopó desapareció y no hay ninguna garantía de que La Angostura e incluso el lago Titicaca sigan vivos mientras existamos. Los ríos sin peces, los lagos sin peces, los bosques sin árboles: ¡qué panorama más bello de futuro!
Y sin embargo hablamos de Ceilán como si fuera el ejemplo de algo interesante, como para compararnos.
La Covid-19 ya es la Covid-23 y sin embargo no hay mecanismos de protección real a la ciudadanía. Y si se dice “barbijo todo el mundo” se ríen y Urkupiña nos salvará.
Columnas de CARLOS F. TORANZOS




















