El crimen cunde en Bolivia
Como puede constatarse en las noticias, la violencia criminal cunde en Bolivia dentro y fuera de las cárceles, a un grado tal que merecería la atención urgente y eficaz de las autoridades gubernamentales responsables de la seguridad interior.
Fuera de los recintos penitenciarios, al menos 12 personas murieron asesinadas en los últimos días y semanas, desde fines de diciembre del año pasado hasta ayer.
Las víctimas de los últimos de esos homicidios fueron acribilladas a balazos disparados por sicarios.
El primero recibió nueve tiros, su cadáver fue hallado cera del retén de peaje en la localidad chapareña de Bulo Bulo, testigos relataron que desconocidos interceptaron a la víctima y le dispararon en reiteradas ocasiones antes de darse a la fuga en un vehículo, el hombre era miembro de una organización criminal ligada a casos de secuestros y otros hechos delictivos ejecutados en el trópico de Cochabamba.
El segundo era policía, estaba saliendo de su casa, en Santa Cruz de la Sierra, conduciendo su vehículo, cuando recibió siete balazos. Los sujetos que lo mataron dispararon por lo menos el doble de tiros. El occiso había sido denunciado, en 2022, de estar involucrado en un caso de “siembra”, colocación disimulada, de droga en el motorizado de un ciudadano colombiano con el fin de acusarlo de narcotráfico.
Otros cinco asesinatos se cometieron en la región de la Chiquitanía, aún no se sabe con precisión hace cuántos días. Los cuerpos de las víctimas estaban abandonados entre la vegetación. Uno de ellos era ingeniero agrónomo y su familia asegura que jamás estuvo involucrado en ilegalidades. Otro, era buscado por la justicia de su país, Brasil.
Y la última semana de enero dos mujeres del Chapare fueron ejecutadas con disparos en la cabeza en la población cruceña de Puerto Quijarro, fronteriza con Brasil.
Como en el caso de los tres cuerpos calcinados hallados los últimos días de diciembre en una camioneta entre Santa Cruz y Paurito, con huellas de haber sufrido violencia y recibido disparos, los policías presumen que todas esas muertes, salvo la de su camarada, se deben a ajustes de cuentas.
En las cárceles del país se produjeron ocho muertes por causas no naturales entre el 1 de enero y el 3 de febrero, apenas una menso que todas las registradas en 2024. Muertes a tiros, por apuñalamiento, además de un suicidio.
Los recintos donde se recluyen a los criminales y delincuentes y a quienes son objeto de investigación por hechos fuera de la ley, son lugares inseguros. En el penal de San Pedro, en La Paz, hace unos días, una mujer fue drogada y violada, aparentemente durante una fiesta.
Y en El Abra, el fin de semana pasado, un detenido golpeó a su pareja que lo visitaba, hasta dejarla inconsciente, estaba ebrio, aunque en los penales se prohíbe el alcohol.
Hay urgencia de un plan global contra el crimen.


















