Amenazas de fondo contra la gestión de Rodrigo Paz (I)
La ausencia de un sistema de partidos políticos unida a la escasez de ciudadanos democráticos constituye la mayor amenaza de fondo para la gestión de Rodrigo Paz. El disparador de esta doble amenaza podría ser el retorno a un demoledor poder dual si es que el vicepresidente Edmand Lara no logra controlar su ambición personal.
Existen, en los extremos, sectores que perdieron las últimas elecciones y coinciden en acusar a Rodrigo Paz, de un lado, de haberse robado el programa económico de Tuto y, desde el otro, de haber engañado a los evistas que votaron por Rodrigo justamente por haber hecho eso mismo.
Los sectores más rábidos de Evo tratarán de juntarse con los sectores más rábidos de Tuto para tumbar a Rodrigo y provocar nuevas elecciones en pocos meses. No será firmando un pacto o un acuerdo, por supuesto, ya que estos sectores se odian mutuamente. Unirán sus acciones si tan solo comparten el objetivo de dificultar la gestión del Gobierno hasta provocar su caída.
Estas minorías eficaces son de corta duración, pero pueden imponerse sobre las mayorías moderadas que no cuentan con un amortiguador de partidos políticos estables ni una sólida formación ciudadana. En ausencia de estas dos condiciones, la gestión de Rodrigo Paz tiene que formar coaliciones, primero en la Asamblea, y luego con los sectores sociales más combativos.
De momento, Tuto ha desautorizado a los detractores del inobjetable triunfo de Rodrigo. Ha indicado con total claridad que apoyará su gestión como debe hacerlo cualquier opositor que sea leal con la democracia representativa. Es una mezquindad no reconocer el valor de este gesto de Tuto, que le está costando amargas críticas lanzadas desde sus bases más radicales.
A Tuto le toca encausar a sus más férvidos seguidores en la senda del buen perdedor, capaz de convertirse en un leal opositor. Estas dos cosas hacen gran falta para que Bolivia se aleje de la polarización electoral y pase a formar parte de la comunidad de democracias estables y duraderas.
Los tutistas sedientos de venganza no se dan cuenta de que Tuto puede dejarnos un legado mucho más valioso que el de haber sido elegido presidente, si es que logra conformar un sólido partido de derecha democrática, tal como en su momento fue la ADN.
No se puede esperar que Evo haga lo mismo respecto a las fallas de la izquierda. Su larga carrera ha demostrado ampliamente que este personaje opta por la evocracia como su forma preferida de gobierno. El nombre de su último partido político lo dice todo: “Evo es Pueblo”.
Buena parte de la izquierda boliviana se ha dejado arrastrar por Evo hacia un populismo tan incapaz como malversador de fondos públicos. Nuestra izquierda se ha caracterizado, a través de la historia, por enarbolar un radicalismo altisonante, unido a una asombrosa incapacidad de gobernar.
Hace enorme falta un partido de izquierda democrática, capaz de abandonar las tentaciones del oportunismo populista y de asumir el Gobierno con responsabilidad. De momento, no aparece una figura que dé la talla para la importante tarea de conformar una izquierda respetable.
Los esfuerzos de revivir a un Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) reformado y actualizado carecen de la vitalidad que este partido tuvo en sus primeros años de vida, cuando combatió valientemente a las dictaduras militares.
Por su parte, Rodrigo Paz ocupa el centro del espectro político. Por temperamento, es creyente, moderado y democrático. Le toca conformar un sólido partido político que sea el fiel de la balanza entre una nueva derecha democrática y una renovada izquierda democrática. Es mucho lo que puede hacer, en este sentido, con el buen ejemplo y el impulso exitoso de su gobierno.
Un sólido sistema de tres partidos que ocupen todo el espectro político sería la mejor vacuna contra el retorno del populismo recién derrotado, que ansía regresar camuflado bajo las caretas de una falsa democracia, un falso socialismo y un falso indigenismo.
También podría protegernos de la emergencia de un populismo derechista, camuflado detrás de una falsa defensa de la libertad.
Este nuevo sistema partidario debería ser capaz de reconocer, proteger y ampliar la nueva clase media, que es un legado positivo del populismo masista.
Por el lado negativo se debe reconocer que los 20 años del MAS desperdiciaron y envilecieron la consigna de lo nacional-popular, una noción que, después de ocurridos, explicó los indudables logros del MNR, los que en su momento se edificaron sobre los sólidos cimientos de la alianza de clases.
A contrapelo de la historia, el populismo masista reforzó desde el Gobierno los peores rasgos del corporativismo sindical, gremial y empresarial.
La tarea inconclusa de este truncado proceso histórico consiste en convertir a las grandes mayorías nacionales en un cuerpo de ciudadanos autónomos, responsables y tolerantes, capaces de perseguir el bien común y el interés nacional por encima de las reivindicaciones sectoriales de las agrupaciones corporativas, y de repudiar los repetidos chantajes prebendales de sus dirigentes.
La segunda parte de este artículo detallará los alcances de esta tarea y cerrará designando a los responsables de cumplirla.
El autor practica el análisis de ideas
Columnas de WALTER GUEVARA ANAYA

















