La sorpresa del ajuste
¿Se venía venir el fin de la subvención de los combustibles en Bolivia? Sí, desde que Rodrigo Paz asumió la presidencia el pasado 8 de noviembre. Sin embargo, la población esperaba que las medidas fueran graduales. Y, de hecho, las acciones del Gobierno hasta ayer hicieron percibir que los ajustes iban a ser paulatinos.
Sus primeras medidas económicas se enfocaron en la eliminación de la subvención a la harina para elaborar el pan de batalla y la estabilización del tipo de cambio del dólar con la publicación de su valor referencial diario, en la web del Banco Central.
Los efectos de esas decisiones fueron el alza del precio del pan de batalla de 50 a 80 centavos y la estabilización del cambio de la divisa en menos de Bs 10 después de haber alcanzado un récord histórico de Bs 20 en mayo pasado durante la anterior gestión de Gobierno.
De esa forma, Paz deslizaba cuál sería la línea de su Gobierno en su intento de recomponer la salud de la economía, pero ésta iba empeorando y el gradualismo no tenía un impacto real, especialmente luego de la reaparición de las filas para comprar diésel.
La crisis económica, ese túnel por el que los bolivianos transitamos desde hace años, se agudizaba día a día. El Gobierno alertaba que se necesitaban más de dos mil millones de dólares al año para subvencionar los combustibles y que este es indispensable al transporte de productos que los bolivianos consumimos cada día.
Sin embargo, la subvención se convirtió en una trampa, porque al menos el 30% del diésel y la gasolina se desviaban al mercado negro y al contrabando de exportación.
En muchas poblaciones fronterizas es conocido que los contrabandistas que compraban a menos de Bs 5 por litro la gasolina y el diésel los vendían en otros países a más de Bs 15, porque su precio fuera de Bolivia supera fácilmente los Bs 30.
Si bien el fin del subsidio a los combustibles era un camino que el país tenía que tomar tarde o temprano, se trata de una medida que tiene un alto riesgo social y debe incluir compensaciones para la población más vulnerables.
Los resultados de la última elección son una muestra de que la mayoría de los bolivianos optó por el cambio y castigó a los anteriores gobernantes; pero también reflejan la expectativa de que las medidas no golpeen a los servicios esenciales, lo que determinó el apoyo a la propuesta más mesurada.
Ahora que se emprendió el ajuste inevitable, los bolivianos enfrentamos una especie de penumbra y de caos, especialmente en los precios del transporte, pero con la clara posibilidad de que este tránsito nos lleve a una mejora de la situación.
Es difícil saber cuánto tiempo llevará sanar la economía o si la crisis se agudizará. Lo único cierto es que cada boliviano seguirá cargando el peso de las decisiones económicas pasadas y tendrá que exigir que las medidas de ajuste realmente den el resultado que todos esperamos.


















