La pujanza de El Alto
A 41 de su creación como ciudad y municipio, El Alto –una de las entidades territoriales autónomas más jóvenes del país– no deja de sorprender por su pujante desarrollo poblacional y económico, y el impacto nacional que tiene en términos políticos, todo ello, fruto del dinamismo de sus habitantes.
Es la segunda ciudad de Bolivia en términos demográficos, casi 850.000 habitantes según los resultados del Censo Nacional de Población y Vivienda de 2024.
Es también una de las ciudades de mayor crecimiento demográfico, pues en 30 años nada más duplicó su población, pasando de 405.492 habitantes en 1992, a 885.035, de acuerdo con los datos del último censo.
Desde hace 16 años, la urbe alteña supera en población a la ciudad de La Paz y, su territorio se ha extendido 2,5 veces más que la sede de gobierno.
Ese su crecimiento se traduce obviamente en la dimensión que hacen de ese municipio uno de los más activos de Bolivia, especialmente en el comercio y la industria manufacturera, desde la década de los 70 del siglo pasado.
La migración masiva de bolivianos de áreas rurales de varios otros departamentos, dinamizada desde mediados de la década de los 80 debido al colapso de las minas estatales, es sin duda uno de los aspectos que han conformado su identidad, entre caótica en términos de circulación vehicular, organizada en lo que se refiere a su población, y de una estética muy propia resultante de la bonanza de su economía en los últimos 20 años.
Pero es el carácter combativo y resuelto de sus habitantes lo que hace de El Alto una de las ciudades y municipios más importantes del país en términos políticos, como lo evidencian episodios que fueron determinantes en la historia mediata de Bolivia: como en 2003 en la denominada “guerra del gas”.
Además, El Alto concentraba, en las últimas elecciones subnacionales, casi el 10% de los electores a escala nacional, el 36% a escala departamental.
Sin embargo, parecería que las frustraciones de la población autoridades y organizaciones sociales de esa ciudad son proporcional al peso demográfico y electoral que tiene El Alto en Bolivia al compararlo con otros municipios.
Una muestra de eso es la controversia que surgió de las diferencias entre las proyecciones y los datos finales del crecimiento demográfico entre 2012 y 2024, cuando los alteños estaban seguros que eran más de un millón.
A pesar de ello, la pujanza y resiliencia de sus habitantes es una constante que hacen de esta ciudad uno de los principales núcleos económicos del país y también un atractivo turístico por sus, ya mundialmente famosos, cholets.
A eso se suma su Feria 16 de Julio, considerada la más grande de Sudamérica y una de las mayores del mundo. Opera los jueves y domingos, ocupando más de 33 hectáreas y cientos de calles con productos que van desde ropa y artesanías hasta vehículos.


















