Mateo Kuljis y el Lloyd Aéreo Boliviano
Seguramente muchos se preguntarán qué tiene que ver Industrial Kuljis con el Lloyd Aéreo Boliviano (LAB), aquella aerolínea que durante décadas fue orgullo del país. La respuesta nos remite a una etapa de crecimiento y visión empresarial en Bolivia, cuando el empuje del sector privado y la conectividad aérea trabajaban de la mano para generar desarrollo, empleo y divisas.
Don Mateo Kuljis Ilic fue un industrial del cuero asentado en Santa Cruz de la Sierra, ampliamente reconocido no solo por su éxito empresarial, sino también por su calidad humana. Su empresa, Industrial Kuljis, se dedicó a la producción y exportación de cueros, logrando posicionar productos bolivianos en mercados internacionales exigentes.
Mateo Kuljis Ilic fue un empresario visionario que entendió que el desarrollo no llega por casualidad, sino por constancia, disciplina y sacrificio. Desde sus inicios apostó por transformar la materia prima nacional en productos con valor agregado, impulsando procesos de calidad y estándares que permitieran competir en el exterior. Su liderazgo se caracterizaba por el trabajo cercano con sus colaboradores, promoviendo estabilidad laboral y capacitación continua.
Quienes lo conocieron destacan su sencillez y su profundo compromiso con el país. Más allá de los logros empresariales, fue un hombre de principios firmes, convencido de que el éxito debía traducirse en oportunidades para otros. Generó fuentes de empleo directo e indirecto, apoyó a proveedores locales y contribuyó activamente al crecimiento económico regional. Su filosofía era clara: “cuanto más grande sería su sacrificio, mayor sería su éxito”.
En una época en la que la infraestructura logística era un desafío, la alianza natural entre productores y transporte aéreo resultaba estratégica. Es así como el Lloyd Aéreo Boliviano encontró en industriales como Mateo Kuljis a socios clave para consolidar y fortalecer su sección de carga aérea, que durante muchos años fue sinónimo de eficiencia y crecimiento sostenido.
La exportación de cuero por vía aérea no solo permitía llegar con rapidez y calidad a destinos internacionales, sino que generaba un círculo virtuoso: más producción nacional, mayor creación de mano de obra, incremento de ingresos para la aerolínea y entrada de divisas al país. Cada embarque representaba trabajo para obreros, técnicos, transportistas y personal aeroportuario. Era un engranaje en el que todos ganaban y Bolivia avanzaba.
En reconocimiento a ese compromiso y volumen de exportación, el Lloyd Aéreo Boliviano otorgó a don Mateo Kuljis un diploma de honor en el emblemático hotel Los Tajibos, destacándolo como uno de los clientes que más exportaba productos de cuero en las alas del LAB hacia el exterior. No era solo un acto protocolar: era el reconocimiento a una visión compartida de progreso.
Nunca olvidaré la imagen de don Mateo Kuljis el día de la distinción. Por su avanzada edad asistió en silla de ruedas, pero su presencia imponía respeto y admiración. Al recibir el reconocimiento del LAB, fue ovacionado por los presentes en un aplauso sincero y prolongado, homenaje a su incansable labor en favor de la industria boliviana y al fortalecimiento de la aerolínea nacional. Fue un momento cargado de emoción, símbolo del agradecimiento de un sector que supo valorar su entrega y compromiso.
Hoy, al recordar la historia del Lloyd Aéreo Boliviano y de industriales como Mateo Kuljis, evocamos una etapa en la que empresa privada y transporte nacional se complementaban para proyectar a Bolivia al mundo. Es una memoria que invita a reflexionar sobre la importancia de la producción, la logística y el esfuerzo conjunto como motores de desarrollo.
Porque detrás de cada vuelo de carga no solo viajaban productos; viajaban sueños, trabajo boliviano y la esperanza de un país que crecía con el empuje de su gente.
Columnas de Constantino Klaric


















