Lagos y lagunas en vías de extinción
Lo menos que puede esperarse de la escasez de agua es que la experiencia sirva para dar a la preservación de lagos, lagunas y diversos reservorios de agua, la importancia que merece
Desde hace ya algunos meses, pero con especial intensidad durante los últimos días, se ha conocido una serie de malas noticias relacionadas con el deterioro del sistema lacustre de nuestro país. Casi a diario hay nuevas informaciones que dan cuenta de la desaparición de lagos y lagunas. Y si bien el tema no es nuevo, pues son muchas las publicaciones especializadas que llevan años advirtiendo sobre la gravedad del problema, ha sido recién desde que la escasez de agua ha comenzado a afectar la rutina cotidiana de la mayor parte de la población boliviana que el asunto ha comenzado a recibir la atención que merece.
El caso más conocido a nivel nacional es el del lago Poopó y en Cochabamba, el de la laguna Alalay. Pero no son los únicos ni mucho menos. Es bien sabido, por ejemplo, que el lago Titicaca está siendo condenado paulatinamente a correr una suerte similar como consecuencia de la contaminación y continua reducción de su volumen.
Cochabamba es por muchas razones el departamento más afectado por ese fenómeno. Hace ya tiempo dejó de existir la laguna Guanacota en la región de Tarata. Y el estado actual de La Angostura, cuya sequedad no es sólo atribuible a la disminución de la pluviosidad. La pérdida de su capacidad de almacenamiento también se debe a la extrema sedimentación causada por la erosión de los suelos circundantes y a la inexistencia de planes de manejo que contemplen su preservación. A la lista se debe añadir las lagunas urbanas de Coña Coña, Quenamari y Cotapachi, de las que depende –o dependía– la vida de muchas especies entre aves, peces, mamíferos, reptiles, además del importantísimo rol que jugaban en la preservación del ciclo hidrológico de la región.
Lamentablemente, y a pesar de que los efectos negativos de ese fenómeno ya se sienten con toda claridad, la gravedad de lo que eso significa todavía no parece haber sido comprendida en su justa dimensión. En efecto, a juzgar por los resultados, todo indica que de muy poco han servido las advertencias dadas –hace más de 10 años– por diversas instituciones y personas especializadas en disciplinas tan diversas como la hidrología, geología, mineralogía, biología o ecología.
Los factores que confluyen para dar ese resultado son muy diversos y no hay pleno consenso entre los expertos al identificar los factores principales. Hay en cambio unanimidad al identificar el principal obstáculo que impide la adopción de las medidas y la ejecución de las tareas necesarias para impedir que se consume tan irreversible daño medioambiental, pues en todos los casos resulta notable la negligencia de las autoridades de los gobiernos central, departamentales y municipales, cuando de afrontar tan importante asunto se trata.
Se confirma así que como regla general, en nuestro país se ha impuesto una completa disociación entre lo que se predica y lo que se hace cuando de proteger al medio ambiente se trata.


















