El mensaje universal de la Navidad
La Navidad trae un sentimiento de esperanza en que la humanidad puede, cuando así se lo decide, revertir las situaciones que le hacen mal, aunque la excesiva tendencia al consumo atenta contra todos los valores que ésta quiere irradiar
Hoy celebran los cristianos del planeta el Nacimiento de Jesús, el Mesías, que es Dios que se hizo hombre para la salvación de los hombres y las mujeres del pecado, el dolor y la muerte.
Pero esta celebración trasciende al mundo creyente y la celebración de la Navidad adquiere un valor simbólico universal porque trae en sí la reafirmación de principios de perdón y renovación, principios que hacen posible la esperanza. En otras palabras, es la fiesta del amor y la solidaridad humanas, así como de la paz.
Si se acepta lo dicho, la celebración de esta Navidad este año cobra mayor importancia aún, dados los elevados niveles de violencia, discriminación, sectarismo, daño medioambiental, incertidumbre en que se debate la humanidad, sin que puedan percibirse síntomas de reversión.
Es decir, es precisamente cuando tienden a dominar la desesperanza, la impotencia, la resignación, que un mensaje como el que irradia esta celebración puede llegar a oídos más receptivos e impulsar un mayor compromiso de la gente con su sociedad. Es que los símbolos de la Navidad representan a la propia humanidad en un ambiente de austeridad, solidaridad y respeto.
De ahí que el desafío que al mismo tiempo nos lanza la Navidad es muy grande, y hay que recogerlo si se quiere construir, en forma solidaria una sociedad más justa, equitativa e inclusiva, en la que el respeto al otro sea el principio rector de una pacífica convivencia.
En esa línea de pensamiento, es interesante anotar que en muchas de las naciones en las que se intentó erradicar esta celebración anual, al menor resquicio, más allá del tiempo transcurrido, ha vuelto a ser repuesta. Es que el enceguecimiento por el usufructo del poder hace que se olviden sentimientos profundos de la gente, que requiere, sin duda, renovar permanentemente los valores ya mencionados de solidaridad, paz, encuentro, convivencia, tolerancia y respeto.
Así, esta fiesta también sirve para que la gente pueda romper la indiferencia ante el dolor ajeno, indiferencia que se crea porque la rutina de ver esas situaciones termina por insensibilizar nuestros corazones. La Navidad nos recuerda que ese dolor puede ser mitigado y que es deber de todos aportar a esa labor.
La Navidad, en fin, trae un sentimiento de esperanza en que la humanidad puede, cuando así se lo decide, revertir las situaciones que le hacen mal.
Desde otra perspectiva, cabe anotar que la excesiva tendencia al consumo que se ha desatado alrededor de esta celebración atenta contra todos los valores que ésta quiere irradiar. Es decir, el símbolo del intercambio de dones como muestra de encuentro social, intenta ser transformado en un antivalor al pretender centrar la Navidad es en el regalo, cada vez más suntuoso por lo demás.
Sirva, pues, hacer estas reflexiones como inicio de un necesario proceso de renovación individual y comunitario de compromiso y solidaridad, principios básicos para que la paz y el amor, la centralidad del mensaje navideño, invadan nuestras relaciones y aspiraciones.

















