Bolivia y la energía nuclear
La manera como el Gobierno administra la información alienta el temor de que estemos ante un inaceptable acuerdo y una decisión tan importante esté siendo tomada a espaldas del país
Dos noticias han coincidido durante los últimos días para recordarnos que los bolivianos tenemos pendiente un debate muy serio sobre la energía nuclear. Nos referimos a la conmemoración del quinto aniversario del accidente de la central nuclear de Fukushima, Japón, el 11 de marzo de 2011, y a la aprobación, el pasado miércoles, de un Decreto Supremo mediante el que el Gobierno nacional procede a la creación de la Agencia Boliviana de Energía Nuclear (ABEN), que tendrá la misión de desarrollar, suministrar y comercializar bienes y servicios de tecnología nuclear.
Pese a la distancia temporal y geográfica que los separa, ambos temas están muy estrechamente relacionados entre sí. Lo que los une es que de por medio está un mar de dudas sobre la necesidad y conveniencia de recurrir a la producción de energía nuclear, con todos los riesgos que eso implica, u optar más bien por desarrollar fuentes de energía limpia como la eólica o la geotérmica.
Los debates sobre el tema, que ya ocupan un lugar privilegiado en la agenda pública en gran parte del mundo desarrollado, han adquirido especial intensidad durante los últimos días avivados por el recuerdo de lo que ocurrió en Fukushima hace cinco años y también porque muy pronto, en abril, se cumplirán 30 años del accidente de la central nuclear de Chernobyl.
Uno de los países que más seriamente ha tomado el tema es Alemania, cuyo gobierno ha optado por una medida radical, el “apagón nuclear”, que consiste en desactivar todas sus centrales generadoras de energía atómica. Al fundamentar su decisión, la canciller Ángela Merkel sostuvo que “Los acontecimientos en Japón suponen un cambio radical en la historia del mundo tecnificado y las fugas radioactivas, como consecuencia del terremoto y posterior tsunami, demuestran que la energía atómica no está preparada para hacer frente a la violencia natural. Por eso hemos tomado esta decisión”.
En los demás países de la Unión Europea tiende a imponerse el mismo criterio. Y aunque en Francia, el Reino Unidos, Italia, Suiza y otros países europeos todavía hay corrientes de opinión favorables a la energía nuclear, la tendencia hacia su rechazo crece a un ritmo proporcional a los logros que poco a poco se van alcanzando en el desarrollo de energías limpias.
En una línea diametralmente opuesta se ubican Rusia y China, dos países que se niegan a renunciar a la energía nuclear y por eso se proponen a hacer grandes inversiones en el rubro.
En ese contexto y con esos antecedentes, la decisión del Gobierno boliviano de construir una central nuclear en el altiplano adquiere una especial trascendencia, pues nos obliga a participar activamente en los debates que se están realizando sobre el tema a escala planetaria.
Paradójicamente, lejos de incentivar las reflexiones sobre el tema, la política gubernamental consiste no sólo en evitar cualquier polémica sino, lo que es mucho peor, no ofrecer información transparente sobre el verdadero alcance de sus propósitos, lo que hace temer que estemos ante un inaceptable programa de gran escala y que una de las decisiones más importantes para el futuro de nuestro país y las nuevas generaciones está siendo tomada a espaldas de los mismos.



















