Frío, resfríos y contaminación
A medida que el invierno se aproxima, y como es muy natural, las temperaturas en nuestra ciudad van bajando con cada día que pasa y eso se refleja en el aumento de resfríos y otras enfermedades respiratorias, todas las que se agrupan bajo el rótulo de IRA (Infecciones Respiratorias Agudas).
Lo que no es natural ni mucho menos es que los efectos del frío resulten multiplicados por la falta de una política ambiental que contrarreste los efectos de las bajas temperaturas sobre el aumento de la polución del aire que respiramos. Es que como no se cansan en recordar quienes más de cerca observan el ritmo vertiginoso al que aumenta la contaminación ambiental en Cochabamba, más que con el frío, las infecciones respiratorias tienen mucho que ver con la polución del aire que respiramos. Es que las bajas temperaturas dificultan la disipación de los gases tóxicos y esto ocasiona un aumento de la contaminación atmosférica en el área urbana, la que a su vez es la causa principal de la ola de infecciones respiratorias, principalmente entre infantes y ancianos.
Nada de eso significa que deba atribuirse al frío invernal la culpa de nuestros males respiratorios, pues estos males podrían ser contrarrestados, o por lo menos notablemente atenuados, si nuestra ciudad contara, como el organismo humano, con los medios necesarios para purificarse, deshacerse de las sustancias tóxicas y dotarse de las defensas necesarias para mantener la buena salud.
En síntesis, si algo confirman los reportes médicos que se difunden esta temporada es que los males respiratorios de la población cochabambina se deben en gran medida a la disminución de la capacidad pulmonar de nuestra ciudad. Capacidad que sólo pueden darle, o devolverle, las áreas verdes.






















