Bombas “popó–tov” y gases en Venezuela
Un nuevo problemón para los organismos internacionales que controlan en el mundo la fabricación de las letales armas químicas viene generado en el uso de otras nuevas armas en las protestas sociales que tienen lugar desde hace más de un mes en Venezuela, y que por los despachos periodísticos procedentes de ese país son más mortíferas que el cloro, los gases mostaza o pimienta que utilizan los Yihaistas de ISIS para reconquistar las ciudades perdidas, como Mosul, en aquella guerra que no podemos entender de quiénes contra quiénes es o si es de todos contra todos, en Siria.
Se trata de las bombas “popó–tov”, mucho más eficaces y poderosas que las bombas atómicas, cuyo poder destructor, se dice, está asentado en sus fétidas y apestosas ojivas que sin diseminar muertes y bajas humanas, provocan masivas fugas, desaliento belicista, vergüenza y humillación entre quienes son impactados por estas naturales armas, químicamente más puras y de producción masiva.
Un despacho urgente difundido desde Venezuela por las redes sociales dio cuenta: “Debido a los abusos de la PNB y PNG la gente ha buscado la forma de defenderse de las fuertes agresiones, por ejemplo hace poco se conoció que un grupo de manifestantes armó un plan para ‘neutralizar’ a las tanquetas , tirándoles pintura en los vidrios. A esto se le suma la noticia de hoy, mostrada por video a continuación, pues al pueblo se le ocurrió una idea ‘muy olorosa y antihigiénica’, crearon unas bombas cargadas de pupu y se las lanzaron a los PNB.”
Es de imaginar cómo habrán acabado aquellos efectivos militares y policiales en su intención de reprimir a los opositores; embadurnados de “popó” y pestilentes.
Frente a las tanquetas, balas y gases que ya han causado cerca de 40 muertos, a la desarmada oposición venezolana definitivamente no le quedó más remedio que tomar lo que más estaba a la mano: la caca. Básicamente es un arma escondida que siempre llevamos los humanos. Con uno de sus derivados, la flatulencia, muchos ahuyentan para siempre a quienes no les quieren cerca suyo. En situaciones canallescas y de tozudez, la caca parece ser el antídoto perfecto, el arma de guerra más eficaz que busca entre sus iguales, efectos sicológicos y políticos.
Ante la iniciativa de los venezolanos ya debe haber a esta hora quienes se están proponiendo fabricar “lanzaexcrementos” similares a los lanzacohetes o misiles de gran alcance, tanques para disparar popó, fusiles de descarga continua de popó, en fin, la inventiva siempre es generosa, particularmente en situaciones tan especiales.
Los organismos de seguridad del Estado, frente a esas posibilidades, habrían comenzado a recomendar a la presidencia del Senado, elaborar un proyecto de ley prohibiendo en el país esas iniciativas y el uso de excremento en las manifestaciones antioficialistas. A pesar de que el popó es utilizado desde tiempos antiguos como arma de guerra, que se sepa no hay ley, no hay convenciones ni protocolos nacionales ni internacionales, ni quién prohíba su uso como arma de defensa o ataque. Al fin y al cabo no se ha llegado a probar la letalidad de esta arma, a no ser una muerte sicológica por el hedor que deja, cuyo mal recuerdo perdura para siempre. Quien haya sido derrotado por los deshechos que se producen como resultado del proceso digestivo y que se vierten hacia el exterior convertidos en heces, debe sentirse inmensa y asquerosamente humillado.
La guerra siempre es así, es una mierda.
El autor es periodista.
Columnas de JAIME D’MARE C.
















