Rdo. Óscar Uzín Fernández
En una reciente visita médica tuve el honor de saludar al Rdo. sacerdote Óscar Uzín Fernández, el gran teólogo boliviano, en la Casa de los Dominicos.
Íntegro su rostro de religioso selecto y de culto varón intelectual. Los años le agredieron cruelmente pero ángeles caritativos lo cuidan con esmero y bondad. Percibí su sonrisa de gratitud como sucede en todo ser de trascendencia espiritual.
Aún guardo el recorte de prensa de Los Tiempos titulado “Relaciones Difíciles”, síntesis de un debate junto a otro insigne religioso Gregorio Iriarte y a dos periodistas notables Waldo Peña Cazas y Cayetano Llobet.
En ese entonces, el Rdo. Uzín remarcó que el amor mutuo entre los seres humanos es un difícil camino hacia Dios. Insinuó que las palabras de Jesús son sencillas y que la orden de “Amaos los unos a los otros” es fácil de cumplir. De pronto detuvo su reflexión, se angustió e insistió en que el odio justamente caracteriza a la raza humana; que en opinión de los psicólogos, el odio es la mayor realidad observable en el mundo contemporáneo; odio entre personas, al interior de la familia, en el seno del pueblo, entre políticos, clases sociales, instituciones. Concluyó preguntándose: ¿Seguirá creciendo así la humanidad con el odio en sus corazones?
Pensé que esta afirmación da razón a Thomas Hobbes, el filósofo del absolutismo político y monárquico. “El hombre es un lobo para el hombre” de su Leviatán escrito en 1651, medio siglo después de que la Santa Inquisición quemara a Giordano Bruno el humanista científico.
Uzin retornó pronto a su magisterio teológico y rescató el mensaje del bondadoso Jesús: “Hijos míos. Ya no estaré mucho tiempo con vosotros. Por eso les doy un mandamiento nuevo; que se amen los unos a los otros como yo os he amado”.
En las “Bienaventuranzas” donde explayaba el mensaje adornado de elocuencia y profundidad. En una Reflexión dominical relievó el debate entre la riqueza del ser y del tener: “Bienaventurados los pobres en espíritu, la humildes, los mansos, los bondadosos”, distinta de aquellos que viven sólo para “tener”, actitud conforme a los principios que rigen el mundo actual.
En otra Bienaventuranza: “los misericordiosos, los limpios de corazón, los pacificadores, contrarios a la hipocresía y la mendacidad, características de muchas personas en cargos públicos. Los pacificadores que trabajan y ofrecen la vida por la paz como Gandhi, Khofi Anán”. Ahí yo agrego a las almas grandes Alejandro Gasset, Hna. Elizabeth Altman, Hna. Estefanía Murray, Tito Solari nuestro Arzobispo y, por supuesto, a Francisco I el Papa.
“Los que lloran y tienen hambre de sed y justicia”, que no pueden vivir con dignidad por la injusticia social en salud, educación, vivienda, derechos humanos; la mayoría de la población mundial donde más del 80% vive en condiciones indignas. Uzín y el Papa Francisco I califican esta situación como el pecado del mundo.
En otro grupo reunió a “los perseguidos por ser justos, los ofendidos en el sentido universalista de la búsqueda de Dios y de la justicia, significa el sufrimiento e incluso el martirio como sucedió con Marcelo Quiroga Santa Cruz”; ahí están Óscar Arnulfo Romero, Luis Espinal y José María Bakovic. El Rdo. Uzín concluyó “Si alguien quiere ser mi discípulo que cargue su cruz y me siga”.
Esas dos apreciaciones las recogí del sabio sacerdote que apagó su luz prematuramente. Luego de dar un beso en la frente al silencioso Oscar Uzín, retorné al hogar conmovido y sensible.
El autor es médico
Columnas de GASTÓN CORNEJO





















