Vulnerabilidad de las lagunas andinas aumenta por el cambio climático
Uno de los recursos naturales más valiosos actualmente en el mundo es el hídrico, cuya cantidad y calidad cada día se ven amenazadas por diversos factores, como la contaminación y el cambio climático. Bolivia cuenta con inmensos recursos hídricos: numerosos ríos, lagos y lagunas, que escapan a las amenazas que se viven en el planeta.
Respecto a estas y otras amenazas y sobre qué sucederá en el futuro con los lagos y lagunas de Bolivia, Los Tiempos consultó a dos investigadoras en este campo: Francisca Acosta C., de la Unidad de Limnología y Recursos Acuáticos (ULRA-UMSS) y Ana María Romero, del Centro de Aguas y Saneamiento Ambiental (CASA-UMSS).
LT.- El calentamiento global, las acciones del hombre, son algunos de los factores que se dice, afectan la estabilidad y la sostenibilidad de un lago o laguna. ¿Qué otros factores además de los mencionados influyen negativamente?
Demográficos: Se estima que para 2.050, una población de alrededor de 9.000 millones de personas habitarán la tierra, esto de por sí generará mayor estrés a los ecosistemas del planeta. “En muchas partes del mundo, la población crece según tasas que los recursos ambientales disponibles no pueden sostener, tasas que están sobrepasando todas las expectativas razonables de mejora en materia de vivienda, atención médica, seguridad alimentaria o suministro de energía”.
Alrededor de un 40 por ciento de la producción fotosintética primaria de los ecosistemas terrestres es usado por la especie humana cada año para –fundamentalmente– comer u obtener madera, lo cual va generando mayor degradación en todos los ecosistemas, siendo los acuáticos sensibles por su importancia para la vida de todas las especies del planeta.
Los sistemas de tierras secas abarcan un 41 por ciento de la superficie terrestre y en ellas habitan más de 2.000 millones de personas, de las cuales más del 90 por ciento viven en países en desarrollo.
A pesar de que las tierras secas son el hogar de aproximadamente un tercio de la población humana, éstas poseen sólo el 8 por ciento de los suministros de agua renovable del mundo.
La disponibilidad de agua per cápita representa en la actualidad sólo las dos terceras partes del nivel necesario para los niveles mínimos de bienestar humano.
Entre el 10 y el 20 por ciento de las tierras secas del mundo están degradadas (certeza media), lo que afecta directamente a los pueblos que viven en estas áreas e indirectamente a una población más amplia, a través de los impactos biofísicos (contaminación de polvo, inundaciones en la parte inferior de las cuencas, emisiones de gases de efecto invernadero y cambio del clima regional)
Economía: Las disfunciones de los mercados y el mal direccionamiento de los incentivos económicos.
El poner un valor a la biodiversidad de los ecosistemas en general, y servicios que representan para el bienestar humano, debe ser realizado cuidadosamente para que no sólo refleje un valor comercial o comercializable (por ejemplo, suministro de agua), sino que existen muchos bienes y servicios difíciles de cuantificar y valorar (por ejemplo, valor cultural) y que al no ser reconocidos son causantes de la degradación de los ecosistemas y pérdida de la biodiversidad.
Esto se encuentra ligado a la incapacidad institucional, y es la limitación más importante para abordar los efectos directos e indirectos de la degradación de los ecosistemas, ya sea por efecto del cambio climático e impacto de los cambios globales (por ejemplo, la deforestación, producción de energía, salud humana por enfermedades transmitida por vectores como la malaria, el dengue, etc.)
Variable sociopolítica: Los arreglos institucionales y de gobernanza inapropiados, incluyendo la presencia de la corrupción y los sistemas débiles de regulación y rendición de cuentas.
La ausencia de capacidad institucional puede ser la limitación más importante para abordar con entereza los efectos combinados del cambio climático y global; existe una carencia entre competencias y responsabilidades entre instituciones, autoridades y otros.
El insuficiente conocimiento respecto a los servicios de los ecosistemas, (así como el escaso uso del ya existente), junto con la baja inversión y difusión de tecnologías que podrían aumentar la eficiencia del uso de los bienes y servicios de los ecosistemas, son limitantes a la hora de dar respuestas en la gestión, y al trazar políticas ambientales institucionales con el objetivo de reducir las repercusiones negativas generadoras de cambios en los ecosistemas.
Por lo que es importante e imperativo contar con una planificación del desarrollo urbano y rural a largo plazo que contemple la conservación de los ecosistemas acuáticos para las futuras generaciones.
LT.- ¿Cómo se vislumbra el futuro de lagos y lagunas de Bolivia, especialmente las ubicadas en grandes alturas y/o en zonas altiplánicas y de valles?
Los cambios previstos a nivel hidrológico como consecuencia del cambio climático, se combinarán con otros factores de estrés como el crecimiento de la población humana, los cambios del uso del suelo, la mayor demanda de agua y también la contaminación, donde los más afectados serán los ecosistemas acuáticos (lagos, humedales, ríos).
Particularmente, se esperan cambios trascendentales en las zonas semiáridas y áridas (lagunas y humedales del sector Sajama-Desaguadero, Altiplano, del sector de Lípez y del salar de Uyuni) donde podrían ocurrir extinciones locales de especies por el estrés fisiológico. En todo caso, las lagunas someras (de baja profundidad) serán las más afectadas por el cambio climático.
Las lagunas de los valles andinos son menos numerosas, con marcada estacionalidad y con tendencia a presentar una mayor productividad.
Las lagunas situadas en bioclima xérico (Alalay, Coña Coña, Cotapachi) son las que se encuentran en mayor estado de degradación y amenaza por la ocupación humana. Los factores que han contribuido son la expansión no planificada de las zonas urbanas, la contaminación de los acuíferos, los procesos de erosión y la ampliación de cultivos de forma ilegal.
A futuro, puede esperarse que con el cambio climático se profundicen los problemas de estrés de los sistemas acuáticos, como mayor eutrofización y aumento de los blooms de cianobacterias tóxicas y/o la tendencia de secado por el déficit de agua.
El funcionamiento de los ecosistemas en el mundo y particularmente en los Andes tropicales, con la provisión de bienes y servicios, como fuentes de agua, alimento y otros, ha estado muy ligado al bienestar de las poblaciones humanas que lo habitan por miles de años.
Los sistemas de altamontaña se encuentran entre los más vulnerables (sensibles) ante el cambio climático.
El cambio de temperatura debido al calentamiento global, las variaciones en el régimen de precipitaciones –junto a cambio en los patrones climáticos– han afectado en mayor medida a los ecosistemas de altamontaña, que a los situados en tierras bajas; siendo el retroceso de los glaciales uno de los indicios más dramáticos en los altos Andes tropicales y particularmente en Bolivia.
La vulnerabilidad de los sistemas acuáticos Altoandinos (lagos, bofedales, ríos) al cambio climático, puede resultar en una disminución de la disponibilidad de agua, en la salinización de las aguas, reducción de la superficie acuática y un aumento en las emisiones de dióxido de carbono.
Resumiendo, tanto en lagos como en los humedales andinos, se ha observado un aumento considerable de la temperatura, cambios moderados en el balance hídrico, y una considerable elevación del límite inferior de la precipitación sólida (nieve y aguanieve).
Esto ha provocado la disminución del nivel de los lagos y secado de la mayoría de los bofedales del Altiplano, desplazamiento de especies hacia arriba (algunos anfibios y flamencos), disminución de poblaciones de ciertas especies y alguna extinción de especies endémicas (Isoetes).
Se prevé una alta probabilidad de aumento de la temperatura (2-4 °C), también cambios en el balance hídrico y un moderado aumento de eventos extremos. Lo cual provocará una alteración de los ciclos hidrológicos y de las cargas de sedimentos. Mayor riesgo de eutrofización, disminución de oxígeno y aumento de la salinidad de los lagos. Habrá una disminución del almacenamiento de carbono en los bofedales.
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