Sobre los orígenes del nacionalismo petrolero
Al parecer fueron las argucias de Luis Lavadenz Reyes los detonantes del nacionalismo petrolero en Bolivia. Lavadenz perteneció a la generación de empresarios emergentes con el auge estañífero que acompañó la dominación del Partido Liberal (1899-1921) y su estrategia de industrialización adjudicando concesiones sobre los recursos naturales para su explotación privada —nacional o extranjera— en los marcos de laissez faire. Los liberales heredaron la regencia económica del laissez faire del Partido Conservador, pero fueron ellos quienes llevaron su aplicación al apogeo. Sus gestiones tuvieron cierto éxito captando concesionarios en las tierras bajas ricas en caucho, maderas preciosas, oro, petróleo y otras materias primas atractivas en el mercado mundial.
En 1920, la Standard Oil compró más de un millón de hectáreas de las concesiones petrolíferas que el Sindicato Petrolero del Oriente hubo acumulado durante años, utilizando a la compañía Richmond Levering como interpósita persona. Precisamente, fue Lavadenz quien había mentado y dirigido la operación, aunque su nombre real nunca figuró entre los propietarios. ¿Por qué?
La industrialización en la praxis del Partido Liberal (PL), vivificó la oposición del Partido Republicano (PR) instalado en el congreso desde 1915. Nolasco López, pionero del nacionalismo petrolero e ideólogo del PR, atribuía las tragedias nacionales más amargas, como las pérdidas del Litoral y del Acre, a las concesiones “irresponsables” para explotar recursos naturales que inauguró Mariano Melgarejo. Al influjo de los reordenamientos geopolíticos orientados a la seguridad energética que conllevaba el petróleo entre las potencias capitalistas y de los primeros pasos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) en Argentina, diversos e influyentes personajes del PR, como Daniel Salamanca, Abel Iturralde, Ramón Rivero, López y otros, veían en el petróleo una cuestión vital para la seguridad del Estado que debía ser nacionalizada.
Varias veces diputado del PL por Santa Cruz, Lavadenz agenció la adecuación de la ley a las condiciones técnicas de la minería fósil y las expectativas riesgo/beneficio de la inversión privada desde 1909. Enrique Arias, en su folleto “El Petróleo en Bolivia” publicado en 1916 informando sobre las “excepcionales” posibilidades petrolíferas del país, la calidad superior de sus aceites minerales y las concesiones alinderadas de las “sociedades y sindicatos”, con afanes propagandísticos dirigidos al exterior, se refiere a Lavadenz como “el activo industrial boliviano”.
Su “activismo” no pasó inadvertido. Fue blanco frecuente de los republicanos que le acusaban de utilizar influencias políticas para evadir las “patentes” (impuestos) de sus “sindicatos” y otros favoritismos. Incluso estallaron peleas a puños en el Congreso por Lavadenz activando su asunto, debía pues maniobrar con mucha reserva. Para Lavadenz instalar el progreso en Bolivia, sólo sería posible conduciendo al éxito emprendimientos similares al suyo.
Hasta la guerra del Chaco, el “nacionalismo” del PR se ciñó al petróleo, cuya explotación era insignificante frente al estaño. Nunca contempló reformas ciudadanas menoscabando los privilegios de la élite en aquel régimen de castas, ni se tradujo a hechos materiales relevantes, exceptuando, claro está, la propia guerra que propició Salamanca. Sin embargo fue clave constituyendo la pregunta ¿a quién y cómo benefician la explotación de los recursos naturales?, que adquiriría un sentido mucho mayor en la postguerra.
El autor es economista
Columnas de JUAN JOSÉ ANAYA GIORGIS



















