¿Será el Lava Jato en Bolivia un enjuague de manos?
Puede ser que ninguna noticia sea una buena noticia, pero la ausencia de ellas es también una: una mala noticia. De un tiempo a esta parte escasean nuevas sobre el operativo Lava Jato. ¿Será porque los brasileros se cansaron de meter en chirona a buena porción de sus políticos y capos corruptos, culminando con ratificar la condena y poner entre rejas a su expresidente Lula?
Lo peor es que quizá, antes de haber terminado la ronda de figurones de países pringados por corruptelas de las empreiteiras brasileñas, pareciera que amaina la marejada. Tomo el caso de Perú, hermano gemelo al que nos ata el peculiar andinocentrismo que ficha Bolivia como “país altiplánico”. La pareja Nadine Heredia y Ollanta Humala era un ejemplo de que iba en serio su lucha contra la corrupción de los reverberos del operativo Lava Jato; aun existiendo riesgo de fuga, hace poco su tribunal constitucional decidió liberarlos de su prisión preventiva.
En Perú, en el club Lava Jato como lo llaman, la salpicada de barro implica a expresidentes y poderosos desde que en 2016 la empreiteira Odebrecht confesara ante la justicia estadounidense pagos a mandamases de países latinoamericanos y africanos: Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Alan García, Pedro Pablo Kuszinski (“PPK”) entre mandatarios; Keiko Fujimori, casi presidente; mandos superiores de su Gobierno; poderosos de conocidos apellidos, etc. Faltaría espacio para listarlos.
¿Y cómo andamos en Bolivia? Pareciera que es una isla impoluta. El régimen de Evo Morales trata de localizar la infección en gobiernos anteriores al suyo. La comisión oficial investigadora tiene medio año para emitir un Informe que cubriría 2004 a 2006, poco después de que el Jefazo iniciara sus 12 años de longevo, autocrático y prorroguista gobierno. Su mayoría gobiernista destaca a senadores y políticos leales o que tienen currículum de imputaciones injustas que le favorecían: una falsa platinada que poco tiene de originaria, y una juez y parte, tal vez culpable de uno de los primeros casos de acoso judicial que sufrió mi amigo José María Bakovic.
No creo que Bolivia sea un enclave impoluto de inmunidad, ¿o impunidad? Quizá por ello la oposición política ha organizado su propia comisión. Amplía el período de investigación apuntando a la empresa bahiana Grupo OAS Constructora (OAS), nacida en 1976 con actividades en más de 20 países, a partir de dudosas operaciones de traspaso de obras y sobreprecios en el actual Gobierno, que citara un entonces encarcelado José María Bakovic. Sin frenos, el régimen apela al de mano. No dar datos oficiales a la comisión contestataria, “porque no podemos hacernos la burla, hay que ser serios”, dice el ministro de Obras Públicas.
Tararearía “eso pensaba hasta ayer nomás, pero al verte vacilé” de un añorado tío poeta, al tomar nota del curso que el asunto está tomando en Bolivia. Porque Evo Morales en uno de sus tuits parecidos al del demagogo Trump, sin mencionar ni una vez el tema de la corrupción, tiene el desparpajo de exigir la liberación “del hermano Lula da Silva, primer presidente obrero de Brasil”. Ni que los obreros, o mestizos originarios, estuvieran vacunados contra el mal.
En Lima, París, Brasilia, Beijing y en La Paz, no es práctica nueva pagar favores a burócratas, intermediarios o gobernantes para lograr agilidad en trámites, o adjudicación de contratos. Si en el vecino país occidental, la tiña corrupta abarcó variopintos gobiernos y “quinciños” “muñequeadores” de contratos de obras, ¿por qué la renuencia gubernamental de limitar la cobertura de años a investigar? Sospecho que algo tiene que ver la preocupación de reverberos negativos de resultados veraces antes de las elecciones de 2019. Igual se sabrá por algún pajarito cantor en Brasil, o un reportero pobretón boliviano con fondos para costear gastos. ¿Acaso temblores de cambio en Bolivia no llegan de afuera?
Mientras tanto, tanto que le gusta al Gobierno costear frondosas delegaciones con plata de los bolivianos, propositivo y optimista que soy, propongo enviar una comisión gubernamental a Londres, tal vez en camino al Mundial de Fútbol en Rusia, para indagar a teóricos de la teoría =======Flat Earth======, reunidos allí para demostrar que la Tierra es plana y la gravedad no existe.
Será dinero del pueblo mejor gastado que el de la comisión oficial para investigar la corrupción en los años 2004, 2005 y 2006. Sin contar, por supuesto, el discurso de asunción a la presidencia de Evo Morales en que condenó a José María Bakovic, vulnerando la presunción de inocencia y su derecho a la defensa. ¡Ah!, pero eso fue autocrático abuso de poder, dirá alguno. O que la justicia en Bolivia tiene sesgo en favor de los poderosos, digo yo.
El autor es antropólogo.
win1943@gmail.com
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