La lucha, apertura y perspectiva del “arte queer”
Lucas Martinelli
Filosofía y Letras Uba
El concepto de arte es problemático en sí y puede abrirnos el panorama a debates interminables. Y el concepto de queer, parece haber venido a corroerlo y problematizarlo todo.
Aclaremos un poco el panorama. La categoría “arte queer” es un paraguas teórico útil para entender determinadas transformaciones del mundo contemporáneo: el interés progresista del museo por incluir una perspectiva de género sobre sus acervos, los nuevos modos de acercarse a mirar las obras del pasado y la producción efectiva de estéticas interesadas en hacer de la sexualidad un terreno creativo. El término queer, tal como lo entendemos hoy en día, tiene su origen en un gesto político. A principios de la década del 90, fue utilizado por la organización norteamericana Act UP como una manera de apropiarse del insulto y convertirlo en un lema de lucha. Sin equivalentes en el español, esta palabra podría traducirse por todos aquellos oprobios callejeros, incómodos y ofensivos utilizados para reproducir la violencia transfóbica, lesbofóbica y homofóbica. Lo queer designa el amplio espectro de identidades por fuera de la norma, es decir, la heterosexualidad. Su ventaja es esta integración de las injurias en un colectivo inestable de nombres. Al mismo tiempo, su propuesta es un ataque a la noción de identidad y así expone su carácter de potencia. Antes que una propiedad de algo o alguien es el contagio anómalo de una fuerza común. El ojo de nuestra época permite ver algo que siempre estuvo allí, pero que no había sido visto así con anterioridad: las obras nos miran desde nuevas perspectivas. Como dispositivo de visión, el arte queer se puede relacionar tanto con las obras como con los artistas o los espectadores.
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