De autoritarismos…
En una charla privada en Quito, a principios de 1981, René Zavaleta Mercado decía que si sólo la crueldad garantizara la reproducción del poder, el mundo estaría regido por algún descendiente de Gengis Khan; y que si sólo fuera la corrupción, estaríamos bajo la égida de Al Capone. Algo así como aquello de que todo se puede hacer con las bayonetas, menos sentarse sobre ellas…
Se trata de sentencias que han sido comprobadas. Pero, hay un factor perverso: pasa mucho tiempo entre la apropiación del poder por un grupo de perversos, corruptos o militares y su derrocamiento… Demasiado para el tiempo histórico del ser humano, aunque un “zas” en la historia general.
El tema viene a cuento en este mes de julio al recordar la ascensión al poder del exgeneral Luis García Meza y su camarilla militar en 1980, su derrocamiento en 1981 y el retiro de los militares a sus cuarteles en 1982, luego de 18 años de ejercicio del poder en forma dictatorial, para dar paso a un complejo y difícil proceso de construcción de una institucionalidad democrática a la que la ciudadanía ha apoyado en forma permanente desde entonces.
Pese a ello, parece que quienes no han vivido o sentido los efectos de ese arbitrario ejercicio del poder no valoran en su debida dimensión el significado de construir un sistema democrático. Esto se puede observar en muchos de quienes ejercen actualmente el poder, que muy sueltos de cuerpo quieren prorrogarse indefinidamente en él, como intentaron hacer los militares, sin considerar, además, cómo ese goce indefinido del poder conlleva, sin excepción, su degeneración hasta llegar a los niveles de vileza como los que se registraron en el gobierno del exgeneral García Meza.
Esto, además, se repite en otras latitudes. En la región, basta observar lo que está sucediendo en Venezuela y Nicaragua para, también, constatar ese envilecimiento. Sus cúpulas gobernantes, unas camarillas militar-familiares profundamente corruptas, no dudan en sacrificar a sus pueblos para mantenerse gozando de las prebendas del poder, y hacerlo utilizando un discurso mentiroso de defensa de los intereses nacionales y lucha contra el “imperialismo y la derecha”, a los cuales, por lo demás, han rendido valores morales y humanos que tanto costó a los sectores progresistas de la región reivindicarlos.
En el país tenemos aún espacio para evitar que se llegue a tales extremos, pese a la adhesión del gobierno a sus pares de Venezuela y Nicaragua. Y está en manos del Presidente del Estado evitar al país un fin similar si éste tiene la lucidez –que pretende ser opacada por sus adláteres que más que a su líder o su proyecto político defienden sus personales intereses—de acatar la voluntad de la población expresada en el referendo constitucional de 2016.
Seguramente puede ayudarle a adoptar una correcta decisión recordar lo que el ex general García Meza aseguró, una vez que las propias Fuerzas Armadas, al comprender que éste las estaba llevando al desastre y al influjo de militares institucionalistas (varios de los que, quién diría, han sido perseguidos y acosados en la actual gestión de gobierno) decidieron relevarlo del poder. Era el viernes 10 de julio de 1981 y se había organizado una “concentración espontánea” para apoyarlo, y ante el pedido de los asistentes de que se prorrogue en la Presidencia (entre ellos, los entonces dirigentes del autotransporte, siempre leales a quienes están en el gobierno, quienquiera éstos sean), el dictador dijo: “como ustedes ya han decidido, me quedaré no más” … El 3 de agosto, empero, tuvo, no más, que irse.
Es decir, y a fuer de ser reiterativo, el Presidente del Estado tiene la posibilidad de dejar el poder en paz si cumple con la Constitución Política del Estado, abandona la tentación de volver a postular en las próximas elecciones generales y da paso a que en 78 semanas ingresen, sea a la vieja casona de gobierno o al nuevo rascacielos, los nuevos inquilinos del poder.
El autor fue director de Los Tiempos entre 2010-2018
Columnas de JUAN CRISTÓBAL SORUCO QUIROGA


















