La demanda que naufragó
En marzo del presente año, escribí un artículo titulado: “La verdadera demanda marítima”, donde comentaba un libro, “La verdadera demanda marítima de Bolivia contra Chile” (2014) del docente universitario Liborio Uño Acebo, obra que sostenía que la demanda presentada ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) no demandaba nada, que el discurso de Evo Morales y Carlos D. Mesa era concesionista e inclinado a borrar la historia, Uño sostenía que no existía un objeto de demanda, pero la demagogia primó sobre la racionalidad. Tanto Morales como Mesa capitalizaban para sí el supuesto éxito de la demanda después de ser admitida y, vencidas las excepciones preliminares, un ambiente triunfalista se apoderó de Bolivia. Hasta los académicos internacionalistas cochabambinos sucumbieron al fatal error, defendían a capa y espada la demanda marítima, se confeccionó una bandera azul con un costo millonario, se armó el espectáculo, se instalaron las pantallas gigantes, incluso Morales rechazó al menos dos veces dialogar con Chile, en 2014 frente a Heraldo Muñoz y en 2015 frente José Miguel Insulza, quienes ofrecieron diálogo a cambio de retirar la demanda.
En Oruro, Henry Pablo Ríos Alborta desde múltiples publicaciones en Nación, conferencias y cartas presentadas al mismo Gobierno, advertía sobre los riesgos y peligros de presentar una demanda desesperada, precipitada, superficial, proselitista, advirtiendo con argumentos como Uño, que Bolivia estaba olvidando tratados vigentes con Chile sobre los territorios de Tacna y Arica. El Tratado de 1895 constituye un verdadero fundamento para una demanda marítima y su posible “negociación”. La entrega de Tacna y Arica nunca fue cumplida, esta norma sigue vigente, no fue cancelada ni anulada por ningún tratado. Pero, Bolivia renunció a hacer valer estos argumentos con la demanda de 2013. Ahora Chile no solo nombrará la vigencia del Tratado de 1904, sino que pondrán como antecedente definitivo el fallo de la corte de La Haya de 2018.
El juez Abdulqawi Ahmed Yusuf de la Corte Internacional de Justicia, dijo: “Bolivia no solicitó que se declare que tiene un derecho al acceso soberano, sino que Chile está obligada a negociar para que se le otorgue un acceso al océano Pacífico”. Una omisión grave, se omitió hacer declarar el derecho objetivo de acceso soberano al mar. La Corte dio la razón a Ríos y Uño, esa demanda no tenía objeto, las promesas subjetivas no son fuentes de obligación en ninguna parte del Derecho, pero para Morales y Mesa: “la fuente de la obligación estaba en las 'promesas' chilenas”. Por otro lado, el mismo juez afirmó: “El hecho de negociar en algún momento determinado, no implica que exista la obligación de negociar”. Es correcto, que nadie puede obligar a otra persona a negociar o conciliar, correspondía hacer valer el derecho sobre contratos y tratados firmados, fuentes de obligaciones. Así planteada la demanda marítima no tenía futuro alguno y se generaron falsas expectativas internas, mientras que en el ámbito internacional, con la defensa recalcitrante del tirano Maduro por una persona que desconoce su propia constitución, Chile sale fortalecido como un Estado de Derecho ante el mundo. No queremos hablar sobre los resultados que todavía nos tocará ver con la otra demanda pendiente sobre las aguas del Silala que tenemos con Chile. Morales no es un interlocutor válido para ningún tipo de acuerdo internacional después de esta derrota fulminante, no interesan las intenciones, sirven los resultados.
El autor es representante del Instituto Libertad, Capitalismo y Empresa (ILCE).
Columnas de LUIS CHRISTIAN RIVAS SALAZAR



















