La pandemia más letal
E l informe de la Organización Mundial de la Salud denominado “Estimaciones mundiales y regionales de la violencia contra la mujer: prevalencia y efectos de la violencia conyugal y de la violencia sexual no conyugal en la salud (2013)” da cuenta que globalmente el 35% de las mujeres del mundo entero han sido víctimas de violencia física y/o sexual por parte de su pareja o de violencia sexual por parte de personas distintas de su pareja, siendo además la violencia en la pareja la que más casos reporta (30%).
En 2017, un total de 87.000 mujeres fueron asesinadas intencionalmente, el 58% de ellas fueron asesinadas por sus parejas íntimas u otros miembros de la familia, lo que significa que en el mundo cada día 137 mujeres son asesinadas por un miembro de su propia familia, según el estudio mundial sobre el homicidio de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (2019).
Mientras que, de acuerdo con el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas, en 2018 un total de 3.287 mujeres de 15 países de América Latina y el Caribe fueron víctimas de feminicidio, es decir, que en promedio 9 mujeres son asesinadas a diario en la región.
Los países de América Latina en los que la tasa de feminicidios (número de muertes por causas relacionadas con feminicidios por cada 100.000 habitantes) es mayor son: El Salvador (6,8), Honduras (5,1), Bolivia (2,3), Guatemala (2,0) y República Dominicana (1,9); lamentablemente Bolivia es el país con la tasa más alta de feminicidio de los países de Sudamérica, se puede inferir que en el país aproximadamente cada tres días una mujer es asesinada.
Estos alarmantes datos demuestran que la violencia contra las mujeres y su culmen que es el feminicidio son una cuestión omnipresente y global, constituyéndose en un problema de salud pública de proporciones epidémicas. Estas cifras del horror además de visibilizar este fenómeno, a la postre deberían coadyuvar a la aplicación de medidas específicas de acción global.
Los Estados –incluyendo al boliviano– ya sea por acción, omisión, negligencia sistemática y falta de voluntad política para enfrentar la violencia contra las mujeres, en particular su forma más extrema que es el feminicidio, en un contexto de impunidad explícita se convierten en cómplices, como si las vidas de las mujeres no importaran, ni valieran nada.
Al menos una de cada tres mujeres ha sufrido en algún momento de su vida violencia física o sexual, razón por la que se convierte en una pandemia mundial, cabe recordar que la violencia contra las mujeres provoca más muertes que la malaria, la tuberculosis y todos los tipos de cáncer juntos, según las Naciones Unidas.
La autora es pedagoga social
Columnas de CLAUDIA LORENA CALSINA VALENZUELA


















