Escenarios emergentes del feminicidio
Mónica, Nayeli, Beatriz y Margarita son mujeres víctimas de feminicidio, cuyas vidas fueron extinguidas en su juventud, antes de que cumplan sus sueños y proyectos de vida, así como tantas otras mujeres asesinadas en Cochabamba. Sin embargo, las características que han envuelto estos casos, es decir, el rapto, desaparición, violencia sexual y hallazgo de osamentas, así como la supuesta vinculación con el narcotráfico, han generado una suerte de codificaciones en torno a ellas, denominándolas: “las 4 víctimas de Tres Arroyos” y “las muertas del Chapare” expresión última que omite el hecho de que estas mujeres han sido asesinadas en el marco de relaciones de poder estructuralmente desiguales. Al igual que lo acontecido en Ciudad Juárez, México, a raíz de estos feminicidios se han enunciado discursos patologizadores que deben ser discutidos, pues se ha indicado de manera contundente que estos casos son asesinatos seriales.
Recurriendo al concepto de escenario de feminicidio propuesto por Ana Carcedo para hacer referencia a los contextos socioeconómicos, políticos y culturales en los que se producen los feminicidios, cabe señalar que si bien históricamente los escenarios feminicidas han sido las relaciones de pareja, el ámbito familiar, el ataque sexual y el comercio sexual, durante las últimas décadas, en la región -y desde luego en Bolivia- han surgido nuevos escenarios de muerte relacionados con el crimen y delincuencia organizada como la trata y tráfico, venganza entre hombres y el narcotráfico que se constituyen en espacios de alto riesgo feminicida para las mujeres porque también se conjugan relaciones íntimas entre los perpetradores y las víctimas, sin mencionar la precarización y situación de vulnerabilidad de las mujeres en estos contextos.
Es una tarea urgente avanzar en la comprensión y caracterización de los feminicidios suscitados en estos escenarios emergentes en el país. Se deben analizar exhaustivamente las circunstancias y lógicas relacionadas con las desigualdades de poder entre mujeres y hombres, a fin de tener una aproximación más rigorosa de los patrones y dinámicas de poder inscritos estos contextos, más aún ante la latente posibilidad de que haya otros casos soterrados, evitando caer en discursos estigmatizadores en torno a las territorialidades o con relación a las mujeres asesinadas.
Además, resulta imprescindible entender que los feminicidios se (re)producen en un contexto de normalización y alta tolerancia social ante la violencia y muerte, razón por la cual debemos seguir cuestionarnos como sociedad.
La autora es pedagoga social
Columnas de CLAUDIA LORENA CALSINA VALENZUELA















