Los sonidos del silencio
Cuando transcurrieron sólo días de la cuarentena, uno aprende a escuchar detalles que antes pasaban desapercibidos. Sonidos que se hacen más intensos y te obligan a mirar el infinito en busca de respuestas.
El eco reverberante que sacude tu ventana, el aullido del perro que se replica en cada cuadra, una voz a la distancia que saluda te obliga a responder por naturaleza propia y también te hace comprender que el silencio tiene más sonidos de lo que uno se imaginaba.
Gente pegando el rostro a las ventanas buscando que otras estén con luz y personas haciendo lo mismo. El murmullo en los balcones y una despistada gaviota perdida que vuela sin rumbo en busca de su bandada. Sus graznidos nos rescatan, nos salvan del ahogo y el agobio —y al mismo tiempo— nos devuelven la paz.
Cuando el silencio toma cuerpo, el cuerpo despierta y los sentidos se hacen más agudos, la vista escudriña en la oscuridad de las calles vacías, se levanta hacia el universo tratando de contar las estrellas y asociarlas a su infancia donde parecían tener más brillo.
Los oídos se liberan del lastre de la ciudad caótica que no descansa nunca y mágicamente se apoderan del sosiego reposando con magnificencia en la quietud de las calles vacías que tienen su propio canto, su propia vida.
Escuchar al silencio, ver tu renacimiento en las estrellas y sentir en tu nariz los aromas de la naturaleza son el regalo. Es la noticia buena entre tanta mala que salen de los medios y las redes sociales y cuyo principal protagonista es el coronavirus, la muerte, el llanto y la desesperación de miles de millones que hoy deben escucharse unos con otros.
Quedarse en casa debe ser, más que un perjuicio económico, una oportunidad para salvar tu propia vida, para reencontrarte con tu yo interior que estaba a punto de perderlo todo, para mirar a tus hijos y ver a través de sus ojos el brillo de un futuro que pendía de un hilo.
Para abrazar a tu pareja y reafirmar tu compromiso de protección, para tocar su rostro y agradecer al buen Dios por un día más, por un te quiero más.
Quedarte en casa no debe ser una sentencia que niega tu libertad, debe ser tu libertad misma. Esa que quiere vivir para seguir construyendo familia, ciudad y país. Quedarse en casa debe ser para tomar la mano de los más pequeños y decirles que están a salvo. Para abrazar a nuestros ancianos y darles las gracias por que hicieron lo que hicieron hasta convertirnos en lo que somos.
Quedarse en casa debe ser para escuchar los sonidos que te está regalando hoy el silencio, para comprender su mensaje y escribir junto a su placidez una historia de victoria donde entre todos supimos formar un solo ejército de combatientes de primera línea y donde el telón solo cayó cuando en letras de oro no se lea FIN, sino VICTORIA.
Falta poco, lo estamos logrando. #QuédateEnCasa.
Periodista
Columnas de OSVALDO RIOJA VÁSQUEZ


















