El fracaso anunciado del año escolar
La clausura del año escolar ha confirmado el fracaso gubernamental en la gestión educativa, en el marco de la emergencia sanitaria. Ese fracaso, en un área esencial para la formación de las generaciones futuras, evidencia las deficiencias del Gobierno de transición en su tarea de administrar el Estado en beneficio de los bolivianos.
La decisión de clausurar la gestión educativa 2020 provoca críticas y rechazo prácticamente unánimes –incluidos los de la misión de las Naciones en Bolivia– y ya se proyectaba como una opción probable desde mediados del mes de abril cuando, a poco más de cinco semanas de suspendidas las clases, constatábamos en este mismo espacio que el sistema educativo nacional estaba en una especie de limbo mientras “se frenen los contagios por el coronavirus”, pues el Ministerio de Educación no había tomado ninguna iniciativa para concebir y aplicar algún programa o plan destinado a asistir ni a los padres de familia ni a los estudiantes, en sus hogares, de manera que el tiempo de la cuarentena no sea uno totalmente perdido.
Casi cinco meses han pasado desde que las aulas se cerraron para cerca de tres millones de niños y adolescentes estudiantes, que apenas tuvieron cinco semanas de clases regulares en esta gestión. Y en ese tiempo, el Ministerio de Educación tuvo dos iniciativas: un decreto para “normar la complementariedad de las modalidades de atención presencial, a distancia, virtual y semipresencial” en el sistema educativo y un acuerdo con los colegios privados para reducir las pensiones mensuales que deben pagan los padres de familia desde el 12 de marzo, cuando se suspendieron las clases.
Ambas medidas son un fracaso, no solo por el rechazo que provocaron entre maestros y padres de familia sino, y especialmente, porque de nada sirven para resolver el problema principal: la ausencia casi total de formación educativa para los estudiantes.
La improvisación e incapacidad gubernamental en el tema educativo se evidencia también en la diferencia de razones que mencionaron las autoridades para justificar su decisión. Y, con mayor énfasis, en la esotérica explicación del Ministro de Educación, para quien “si bien hay cierre del año escolar en términos académicos y administrativos, no quiere decir que la educación se suspende”, sino continúa “a nivel virtual y a distancia, con apoyos de TV y de radio” que, si existen, son resultado de iniciativas ajenas al esquema estatal.
Un panorama tan sombrío como el que existe en salud, área en la que la recomendación oficial es evitar la automedicación, cuando los servicios sanitarios están colapsados y acudir a un hospital implica alto riesgo de contagio.





















