¡Felicidades Evo!
¡Juan Evo Morales Ayma siempre tiene un problema para cada solución!
Su incontinencia verbal y exabruptos de antología lo llevan a salpicar, como lluvia ácida, a su entorno más próximo y, desde luego, a toda su militancia.
Cuentan que una vez un guardia observó que Mariano Melgarejo (que no sabía leer) tomó un periódico, pero al revés. Al informarle el guardia sobre su error, Melgarejo todo iracundo le respondió: "¡Carajo, el que sabe leer lee nomás!".
Siempre he creído que el enemigo principal de Evo Morales es Evo Morales y, desde hace un par de años, es también de su propio partido.
Se ha convertido en una suerte de rey Midas al revés, todo lo que toca y dice lo convierte en miseria y en derrota.
A algunos hombres, decía Chesterton, los disfraces no los disfrazan, sino los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro.
Los caudillos jamás tienen el valor y la valentía para enfrentar su triste ocaso, son cobardes hasta para eso. Su suerte es la de los que se postran solitarios y con la mirada perdida en un horizonte que no pueden divisar, inventan, juegan a que continúan siendo una figura fuerte, tácita, de facto.
La nostalgia por el poder los convierte en un peligro constante para la libertad y la pluralidad de ideas. Ya no ven más allá de sus narices, pero quieren seguir mandando, ordenando, decidiendo. Jamás se resignan a que ya no los obedezcan. Balbucean, trastabillan y por fin caen.
Ese es el destino del poder transitorio de los caudillos con látigo y botas. La historia ha demostrado con creces que, el fin de la locura, como titula una novela del escritor mexicano, Jorge Volpi, es una lenta agonía y un temor constante de la sociedad a que la criatura se reencarne en otras. El fin de la locura es, ante todo, una metáfora sobre el destino de la falsa izquierda y de sus comercializadores de humo que se chamuscan, casi siempre, jugando con su propio fuego. Pero tarde o temprano, la locura del caudillo llega a su fin, no por medio de la cura, sino, a través del olvido y el desprecio.
Evo es un enemigo íntimo de Evo y de la democracia. Cada vez que habla subvierte la verdad y la realidad. Desfigura por completo lo transparente y fuerza la lógica hacia un absurdo chocante. Obedece a un egocentrismo obstinado. Dispara, a quemarropa, lo que piensa y lo que siente.
Todas sus intervenciones producen un chascarrillo hilarante y terminan en una incontenible pérdida y un desgaste político que afecta a su propia militancia. Evo, y el MAS estrictamente evista, han tocado fondo. Queda la necesidad de reestructurar el partido azul, hacerlo menos electrizante, más democrático y coparticipativo, pero, sobre todo, libre y respetuoso del disenso.
¡Vaya paradoja! Morales ha trabajado laboriosamente para hundir su propio partido. Hoy, el MAS es casi nada. Es decir, su infraestructura política y su estructura ideológica se desmoronaron por completo. Solo quedan las vociferaciones del “Jefazo” que, sin miedo y sin escarmiento, continúa estrellándose contra una militancia que, en silencio y en oración, seguramente claman a algún santo que se calle.
La derrota del MAS en el balotaje celebrado en cuatro departamentos es la última señal inequívoca de una decadencia inminente. La voz de una sola persona mandando en el gallinero molesta e incomoda a su militancia, aunque esta haya asimilado la obediencia.
La pluralidad, tarde o temprano, se impone a la juntucha. El partido monolítico termina en una lápida, en una rebelión o en el olvido.
¡14 años de nada! ¡14 años solo para un puñado de pillos VIP!
14 años con todo para hacer de este país estable, con una economía fortalecida y una institucionalidad inquebrantable. ¡Pamplinas! Hoy, la piedra de Sísifo vuelve a rodar hasta el principio de todo.
Al final de cuentas, los 14 años de gobierno, son el resumen perfecto de las películas clásicas de asaltos, bandas, pandillas, injusticias, narcotráfico, culebrones, estafas, escándalos y mentiras: Nido de ratas, Día de entrenamiento, El golpe, Banda aparte, Tarde de perros, Los infiltrados, Red de mentiras. Cara cortada, Atraco perfecto, Perros de la calle, Los Ángeles confidencial, El Padrino, Lolita y muchas, muchas más.
¡Bienaventurada la juntucha, porque de ella será la gloria de haber hundido un partido! ¡Bienaventuradas las elites, porque en ellas quedó y quedará el botín! ¡Bienaventurados los pobres de ética, porque de ellos será la riqueza de todo lo robado! ¡Bienaventurados los ricos de inmoralidad, porque siempe cargarán con la pobreza de los afanados!
¡Bienaventurados los partidos populistas, porque en el fondo saben repartir muy bien la miseria! ¡Bienaventurados los ladrones, porque de ellos será la cueva y el olvido eterno! ¡Bienaventurados los injustos y prevaricadores, porque de ellos será el sillón de alguna embajada! ¡Bienaventurados los chupatetillas, porque ya tienen asegurado un puesto en el reino del Gobierno!
En cuanto a usted, expresidente, Evo Morales, lo felicito, porque en su infinita bondad, supo conducir a su partido hacia el caos y el laberinto, salvando la dignidad de los “vendepatrias”, “imperialistas”, “derechistas”, “golpistas” y despejando todas las pistas que lo lleven a sospechar de un complot para defenestrar a su alter ego que juega a ser presidente.
Felicidades, porque usted solito logró derrotar la hegemonía partidista del MAS.
Felicidades, por su convicción infatigable por colaborar con su partido. Ahora, las alcaldías y gobernaciones del país son más plurales y menos evocentristas.
En esta Bolivia paradójica y diversa no hay tragedia, todo se vuelve afrenta, y aún se enfrentan el uno con el otro, el claro con el oscuro, el de abajo con el de arriba, el empoderado con el sometido, la verdad con la mentira. Todo eso también tiene un nombre y un apellido. Sin embargo, el hombre, como ese personaje del fabulista francés, Jean de La Fontaine, continuará siendo hielo para la verdad y fuego para la mentira.
El autor es comunicador social
Columnas de RUDDY ORELLANA V.





















