Un viaje al Valle de la Luna, un paisaje de otro mundo
Ubicado al sur de la ciudad de La Paz, entre los sectores de Mallasa y Aranjuez, se encuentra el Valle de la Luna. Este destino, reconocido por sus espectaculares formaciones geológicas creadas a lo largo del tiempo por la erosión, parece sacado de un paisaje fuera de este mundo.
El nombre Valle de la Luna, reconocido como área protegida municipal y nominado como patrimonio natural por el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz (GAMLP), tiene una historia peculiar. Los guías locales señalan que, durante su visita a La Paz en los años setenta, el astronauta Neil Armstrong, primer hombre en pisar la luna, bautizó así al lugar al encontrar semejanzas con el paisaje lunar.
Antes de eso, era conocido como el Valle del Cactus, debido a la variedad de cactus que adornan el área, junto a arbustos espinosos y una vegetación típica de ecosistemas semiáridos. Este paraje de arcilla blanca ofrece a los visitantes una experiencia que combina naturaleza, historia y cultura.
Un viaje sencillo desde la ciudad
Visitar el Valle de la Luna es sencillo y rápido. Desde el centro paceño, se puede tomar un taxi o trufi que se dirija a la zona de Mallasa y, en un trayecto que dura poco más de 30 minutos, se llega al destino. Durante el recorrido, el caos urbano se transforma en un entorno más sereno, y el paisaje va cambiando hasta anunciar la llegada al valle con sus peculiares formaciones rocosas, vistas desde los túneles que anuncian la bienvenida.
El ingreso al lugar tiene un costo accesible de 3 bolivianos para nacionales y 15 bolivianos para extranjeros. Aunque no se asignan guías al momento de la visita, los interesados pueden contratar este servicio en agencias de turismo ubicadas en el centro de La Paz, como las de la conocida calle de las Brujas.
Para explorar el Valle de la Luna hay dos rutas señalizadas, una de 15 minutos y otra más extensa de 45 minutos. Ambas ofrecen vistas impresionantes y puntos destacados con nombres curiosos como “El Buen Abuelo”, “Ventana del Sur” y “Salto de la Vizcacha”.
Un destino para todos los gustos
Durante una visita realizada por periodistas de la Revista OH! y el fotógrafo de La Prensa Víctor Gutiérrez, se pudo observar la llegada de visitantes de distintas partes del mundo, incluidos grupos de turistas coreanos que quedaron fascinados con el sitio.
Las familias bolivianas, parejas y grupos de amigos también disfrutan de este lugar, aprovechando esta temporada de vacaciones para tomarse fotografías y disfrutar de la tranquilidad del entorno. En el tema fotográfico existen diferentes opciones que ayudan a tener un recuerdo del valle, como un banco con un romántico cartel o los puentes con estilos únicos.
A pesar de que la urbanización avanza en los alrededores, el Valle de la Luna conserva su esencia y siendo hogar de diversas especies de plantas medicinales y, si se tiene suerte, es posible avistar a la vizcacha, un roedor de cuerpo similar al conejo y cola de ardilla que cautiva a los visitantes.
Además, muchas de las formaciones de arcilla, resultado de la erosión durante siglos, continúan intactas, aunque algunas muestran el inevitable desgaste del tiempo.
“Todo el valle está hecho de arcilla blanca, y es un lugar perfecto para quienes quieren sentirse en otro mundo. Si vienen de otros continentes sería bueno que tomen este lugar como una opción, ya que como dicen: venimos acá y estamos en la luna”, destaca Verónica Casu, una guía que acompañaba a un grupo de visitantes durante la visita de la Revista OH!
Casu añade que el área protegida también ofrece una muestra de la biodiversidad local, incluyendo entre cinco y seis tipos de plantas medicinales que pueden encontrarse en el recorrido.
Asimismo, menciona que las temporadas altas de visitantes varían según la procedencia. Por ejemplo, mientras los países vecinos suelen acudir a finales de año, los turistas europeos y asiáticos llegan en mayor número en otras épocas.
Según Casu, “el Valle de la Luna tiene una riqueza cultural y natural invaluable, y aunque ha cambiado con el tiempo, su esencia sigue viva”. Ella destaca también la importancia de cuidar y preservar este lugar único para futuras generaciones.
Visitar el Valle de la Luna es más que una excursión, es una oportunidad para desconectarse del mundo moderno con un paisaje que desafía la imaginación y transporta a la luna, combinando la belleza natural y el patrimonio cultural.
Ya sea que se busque un lugar para reflexionar, explorar o simplemente tomar fotografías que parecen sacadas de otro planeta, el Valle de la Luna es un destino que no puede faltar en la lista de lugares por visitar para propios y extraños. Una experiencia que, sin duda, quedará grabada en la memoria de quienes tienen el privilegio de descubrirla.
























