La gobernabilidad después del 8 de noviembre
Independientemente del resultado del balotaje, el próximo presidente enfrentará un enorme desafío: asegurar niveles mínimos de gobernabilidad.
Hay gobernabilidad cuando se disipan los factores que erosionan la estabilidad y limitan la acción del Gobierno. La gobernabilidad, en ese sentido, tiene estrecha relación con la estabilidad política. Como la estabilidad política depende de varios factores, entonces, el concepto de gobernabilidad es multidimensional.
En el análisis, se debe tomar en cuenta, al menos, cuatro dimensiones. La gobernabilidad legislativa, la gobernabilidad institucional, la gobernabilidad social y la gobernabilidad económica. En estas dos últimas, cuando hay ingobernabilidad, las calles toman un protagonismo central.
Veamos, en esas dimensiones, las posibilidades de un Gobierno estable que logre suficientes grados de obediencia Esto, no solo implica la posibilidad de aprobar leyes, sino también de implementarlas con eficiencia, manteniendo el orden y la paz social.
Se alcanza niveles óptimos de gobernabilidad, cuando las relaciones entre el Gobierno y la sociedad civil se desarrollan en un ambiente de mutua confianza, nunca de hostilidad.
El próximo Gobierno, para alcanzar gobernabilidad legislativa y aprobar sus leyes, al no tener mayoría en las dos cámaras, debe negociar, consensuar y alcanzar acuerdos.
En la Asamblea Legislativa, el PDC de Rodrigo Paz, tiene 65 escaños. Libre, de Tuto Quiroga, cuenta con 51 legisladores. Ambas fuerzas parlamentarías no solo hacen mayoría, logran también dos tercios en el pleno, en la cámara de senadores y la cámara de diputados. Tienen la llave para “hacer todo”.
En ese sentido, independientemente de los resultados y de la “guerra sucia” en la que están enfrascados, para gobernar, como hemos visto, se necesitaran mutuamente. En otras palabras, el futuro Gobierno necesitará construir consensos permanentes si no quiere repetir la parálisis legislativa del pasado reciente.
Ahora, una eventual alianza del ganador del balotaje con Alianza Unidad, de Samuel Doria Medina, para alcanzar la ansiada mayoría parlamentaria, también es posible. Sin embargo, no alcanza para los dos tercios.
Por ello, lo más recomendable, para lograr una sólida gobernabilidad legislativa, es la alianza postelectoral Paz-Quiroga. Esa compactada fuerza parlamentaria, permitirá aprobar reformas, presupuestos y leyes, sin mayores sobresaltos.
La gobernabilidad legislativa dependerá, entonces, de esa capacidad de negociación y concertación. Sin el Parlamento, no se puede gobernar. Como no pudo hacer casi nada, Arce Catacora con el Parlamento bloqueado, en los dos últimos años de su gestión.
La gobernabilidad institucional, a su vez, estriba en la capacidad de implementar leyes con resultados y dirigir eficientemente todas las instituciones del aparato del Estado.
Recuperar la justicia del sometimiento del poder político es de fundamental importancia. Es crucial, también, recuperar la confianza del ciudadano en sus instituciones.
Construir una burocracia eficiente, combatir a la corrupción y eliminar la politización de los órganos de control (Contraloría, Tribunal Constitucional, Órgano Electoral) son los grandes retos. Sin instituciones sólidas e independientes, el margen de maniobra del próximo Gobierno estará permanentemente condicionado.
La gobernabilidad social, por su parte, tiene mucho que ver con los grados de obediencia y aceptación ciudadana, que se refleja en la ausencia de conflictos en las calles.
En Bolivia, la gobernabilidad social está profundamente condicionada por la fuerza de las organizaciones corporativas. Tienen peso y capacidad de movilización para sostener o desestabilizar gobiernos.
Actores como la Csutcb, la Confederación de Interculturales, las Bartolinas, los Ponchos Rojos, los cooperativistas mineros, entre otros, no solo cumplen un rol de representación sectorial, sino que se han convertido en verdaderos poderes fácticos capaces de paralizar carreteras, ciudades y regiones enteras.
El próximo Gobierno, si quiere estabilidad, no solo debe lograr acuerdos y consensos con estos actores, sino convertirlos en sus aliados.
La gobernabilidad en la dimensión económica está condicionada a dos factores críticos: el abastecimiento de combustibles subvencionados y el precio del dólar en el mercado paralelo.
Dada la aguda iliquidez de divisas, la escasez de gasolina y diésel, siempre ha estado poniendo en riesgo la estabilidad del Gobierno.
El ascenso del precio del dólar en el mercado paralelo, también es una amenaza constante. Si la brecha con el tipo de cambio oficial se incrementa, aumentara la incertidumbre y tensionara la capacidad del Estado para mantener el control.
La gobernabilidad económica dependerá de la capacidad del próximo Gobierno de garantizar el suministro de combustibles y estabilizar el mercado cambiario, pues cualquier disrupción en estos factores darán lugar a conflictos sociales y protestas en las calles.
Al margen de las cuatro dimensiones de gobernabilidad anotadas, tenemos otra adicional, que no deja de ser importante, que la encarna Evo Morales. Dada su naturaleza, conspirará desde el primer día para acortar el mandato del próximo Gobierno, aspirando habilitarse, con nuevas elecciones.
Lejos del poder y resentido, amenaza siempre con desestabilizar e “incendiar” el país. Morales, con su poder de veto informal y capacidad de movilización, seguirá siendo un factor de ingobernabilidad mientras no sea políticamente neutralizado.
En suma, si el próximo Gobierno no logra grados mínimos de gobernabilidad en todas las dimensiones, el fantasma del acortamiento de mandato lo acompañará permanentemente.
El autor es profesor de la carrera de Ciencia Política de la UMSS
Columnas de ROLANDO TELLERÍA A.



















