Democracia, un objetivo a lograr
Según la teoría política, la democracia se caracteriza por tener:
1) Una Constitución limitadora del poder público en función de los derechos humanos que contemple un órgano de control constitucional independiente del Ejecutivo, encargado de la supremacía constitucional. Es que el Estado moderno nació para terminar precisamente con la verticalidad ilimitada del poder de los gobiernos autocráticos.
2) Un catálogo de derechos humanos en cuyo resguardo y restitución existe un sistema interno responsable que implica un conjunto de garantías, normativas y jurisdiccionales, y un organismo dedicado a su promoción, a la denuncia de sus vulneraciones y a su defensa, no subordinado a los gobiernos.
3) Los poderes u órganos del Estado separados entre sí, en oposición a su concentración, signo típico de las autocracias, antitéticas de la democracia por definición. Tales regímenes son per se abusivos, arbitrarios y negadores de las libertades, derechos y garantías de las personas y, por tanto, clausuran la formación y desarrollo de la ciudadanía.
4) Un sistema de administración de justicia independiente del poder político, conformado por profesionales idóneos con dominio de la ciencia del Derecho, experiencia en las actuaciones propias de la abogacía y cualidades morales, cuya función es la aplicación del Derecho —conformado no tan sólo por las leyes sino, y por excelencia, por los valores, los principios y la doctrina jurídica— para la solución de las controversias en función de la reposición de la justicia.
5) Un sistema de elecciones igualitario, legal, imparcial, seguro y transparente, organizado y controlado por un órgano especializado liberado de todo sometimiento político. Sin este árbitro imparcial el sistema electoral pierde credibilidad, se reduce a un mecanismo manipulador y manipulado que debilita a la democracia.
6) La pluralidad ideológica, desemboque de la libertad de pensamiento, conciencia y opinión de las personas, manifestada en un abanico de enfoques y maneras de comprensión de la realidad del país, de sus necesidades y problemas, sus potencialidades y alternativas de desarrollo.
7) Un sistema de partidos y otras organizaciones políticas que expresen la pluralidad ideológica, protagonistas de primera importancia del quehacer político, formadas y en funcionamiento según criterios de igualdad en las condiciones de su participación. No hay democracia de partido único, y habiendo varios, sin esa participación igualitaria.
8) La aplicación de los principios de toma de decisiones por mayoría y de protección de las minorías, considerando como la expresión mínima de éstas al individuo.
9) La alternabilidad en el acceso al poder, limitando las oportunidades de reelección, pues la perpetuación de las mismas personas en los cargos lesiona los derechos de participación igualitaria, deriva en privilegios, abusos, corrupción, ausencia de rendición de cuentas e impunidad.
10) Una prensa libre encargada de informar y denunciar, contribuyendo al control y generación de opinión ciudadana con respecto al manejo de los asuntos públicos.
11) Un Estado de Derecho efectivo; esto es, que todos y cada uno de los sujetos en función de autoridad o funcionario público actúen en estricta sujeción al Derecho, bajo pena de sanción legal en caso de no hacerlo.
Es evidente que ninguna de las características de la democracia descriptas se cumple en Bolivia hoy, pues desde 2006 se canceló la separación de poderes, comenzando la subordinación del Legislativo, el Judicial y el Electoral al Ejecutivo, convirtiéndose la Constitución en un traje a medida de los intereses políticos gubernamentales, sin control constitucional ni organismo de derechos humanos auténticos en grave detrimento de tales derechos y sus garantías, a la par de la reducción del sistema electoral a un salón de maquillaje conforme a resultados preestablecidos para garantizar la reproducción del poder.
Una reunión de dirigentes de sindicatos y ramas anexas, a título de “instrumento político de los pueblos”, ha acaparado el protagonismo político al amparo de los privilegios por ser aliados de los expropiadores del país, admitiendo la existencia de algunas organizaciones agonizantes por el cierre asfixiante del cepo de la amenaza y la persecución, todo para simular que hay más que el MAS.
Los expropiadores privatizaron la cosa pública en medio del despilfarro más grande de la historia del país. Nos han condenado hasta nuestra quinta generación a la par que aseguraron la suya al menos hasta el doble. Todo en medio de la igualmente gigantesca impunidad, gracias al órgano de la in-justicia subordinado y a liquidación de la prensa independiente.
Sí, desde 2006 funcionó la receta del poder eterno elaborada en la pandilla de San Pablo o Puebla, y la democracia ha vuelto a ser un objetivo a lograr. En recordación del 10/10/1982 y porque es lo que nos toca ratificamos nuestra decisión de seguir luchando para conseguirla. Tenemos razón y ésa es nuestra fuerza.
Columnas de GISELA DERPIC

















