Elección histórica
Histórica por dos razones, la elección que los ciudadanos de Bolivia tenemos hoy se desarrolla en un contexto de certidumbres, expectativas y confianza.
Es la primera vez que votamos para elegir, de manera directa y exclusiva, a nuestros presidente y vicepresidente. Eso, ejerciendo la práctica de la segunda vuelta electoral para elegirlos si ninguno de los binomios obtuvo el 50% más 1 de los votos válidos de la primera, o el que más sufragios logró no tiene una ventaja de al menos 10% sobre el segundo.
Estrenamos así una práctica establecida por la Constitución Política del Estado vigente desde 2009 y que reemplaza a la elección indirecta del binomio que nos gobernará. Indirecta, pues en circunstancias como la resultante de los comicios del 17 de agosto, era en el Parlamento donde se elegía al presidente y vicepresidente.
Respecto de las certidumbres, una de ellas deriva de los resultados de la primera vuelta electoral que marcaron un punto de inflexión en la política nacional con la derrota del partido gobernante, ahora dividido y minoritario en la Asamblea Legislativa, después de casi 20 años de lograr el respaldo electoral de amplias mayorías.
Eso significa que el electorado dejó de confiar en el masismo como administrar del Estado y optó por las opciones de oposición, cuyos candidatos presidenciales de las organizaciones políticas que más votos obtuvieron se disputan hoy la dirección del país.
Otra de las certidumbres –derivada también de los resultados de los comicios de agosto– es que el ganador de las elecciones de hoy deberá concertar, en el Parlamento, acuerdos con el que obtenga menos votos pues ninguna de las bancadas que los respaldan alcanza sola la mayoría calificada (dos tercios) necesaria para aprobar medidas trascendentales como las que exigen las crisis que enfrentamos.
En cuanto a las expectativas, estas derivan precisamente de aquellas, de las crisis, especialmente la económica, que el Gobierno saliente no pudo superar debido a su carencia de respaldo parlamentario mayoritario.
Así, es evidente que los bolivianos votamos hoy con la esperanza de que el próximo Gobierno, y los asambleístas, tengan la capacidad y apertura suficientes para cambiar las circunstancias actuales que nos afligen: inseguridad creciente, sistema de salud deficiente, corrupción y otras, además de la económica.
La confianza, el factor que completa este contexto, corresponde a la que merece el Tribunal Supremo Electoral, cuyo desempeño en la etapa previa a la primera vuelta, en la realización de esta y en el proceso de cómputo de sufragios y difusión de los resultados fue exitoso y transparente como lo indican las evaluaciones de las misiones de observación electoral, y lo percibió la ciudadanía.
Nada indica que esa confianza pueda verse frustrada en esta histórica jornada de votación y en los días que siguen, hasta la asunción del nuevo Gobierno en 20 días más.





















