El camaleón del poder subnacional
Este 22 de marzo Bolivia vuelve a las urnas para elegir más de cinco mil autoridades departamentales, regionales y municipales. A diferencia de la competencia nacional, donde la polarización ideológica suele dominar el debate, la arena subnacional impone una lógica distinta: la viabilidad electoral depende de alianzas económicas territoriales, redes empresariales locales y gobernabilidad fiscal.
En este contexto estructural se inscribe la candidatura a la Gobernación de Cochabamba, donde nueve postulantes disputan el cargo en un escenario marcado por la fragmentación política y la presión económica regional.
Entre los candidatos destaca el exsenador y dirigente cocalero Leonardo Loza, figura cercana a Evo Morales y referente del ala evista del Movimiento al Socialismo. Postula por la Alianza Unidos por los Pueblos con el mensaje de estar “listos para servir al pueblo cochabambino”.
Su trayectoria lo ubica dentro de una estructura partidaria que, como ha explicado Fernando Mayorga y también Jorge Komadina en sus estudios sobre el MAS, se caracteriza por articular movimientos sociales bajo una narrativa antiimperialista, descolonizadora y crítica del neoliberalismo.
Durante años, el discurso evista sostuvo que el desarrollo debía construirse al margen de las transnacionales y con desconfianza hacia la empresa privada tradicional.
Sin embargo, las declaraciones recientes de Loza introducen un contraste significativo. En entrevistas difundidas por medios nacionales ha planteado la necesidad de trabajar con el sector privado para dinamizar la economía departamental y ha prometido que, de llegar a la Gobernación, no habrá bloqueos, pues estos responderían al descontento frente a malas gestiones.
Este giro resulta llamativo si se considera que el MAS ha validado históricamente la movilización y el bloqueo como instrumentos de presión política, y que en 2019 el propio Loza fue denunciado ante la Fiscalía por presuntos delitos vinculados a los conflictos de octubre y noviembre. La incoherencia empírica entre pasado discursivo y presente electoral abre un espacio legítimo de análisis.
Ahora bien, desde un enfoque estructural, el cambio puede explicarse por las condiciones específicas de Cochabamba. El departamento posee un tejido empresarial agroindustrial, comercial y de servicios con incidencia directa en empleo y recaudación. Gobernar sin su participación limitaría márgenes de acción.
Aquí entra en juego el enfoque de elección racional: los actores ordenan sus preferencias según el conjunto de oportunidades disponibles y ajustan su discurso para maximizar beneficios electorales y reducir costos políticos. El acercamiento al empresariado puede leerse entonces como cálculo estratégico más que como revisión ideológica profunda.
No obstante, esta adaptación plantea interrogantes sobre coherencia y representación. Cuando un liderazgo que emergió bajo la consigna “Somos pueblo, somos MAS” y bajo una narrativa de confrontación con élites económicas propone ahora cooperación sin mediar una reflexión programática explícita, el electorado puede percibir no evolución, sino oportunismo estructural.
La transformación pragmática del discurso, frecuente en partidos que transitan de la oposición al gobierno territorial, conlleva riesgos simbólicos que erosionan credibilidad si no son explicados con claridad.
Con todo y lo anterior, la figura del camaleón resulta ilustrativa. El camaleón no altera su naturaleza, pero modifica su color según el entorno competitivo. En política, la adaptación es necesaria; sin embargo, cuando el cambio es demasiado abrupto, la identidad se vuelve difusa.
Maquiavelo advertía que el gobernante debe saber adecuarse a las circunstancias, pero también que la estabilidad depende de conservar el favor del pueblo y evitar contradicciones que generen desconfianza.
En Cochabamba, la pregunta no es solo si Leonardo Loza puede gobernar con el sector privado, sino qué implica ese giro para la coherencia del proyecto que representa. En esa tensión entre estructura y cálculo se juega algo más que una elección: se pone a prueba la consistencia del discurso político frente al poder.
El autor es docente investigador de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la UMSS
Columnas de EDGAR FERNANDO FLORES PÉREZ















