Sucre la ciudad de la recoleta
Sucre, la blanca Capital, tiene numerosos lugares para visitar y disfrutar. Pero hay uno que parece resumir su espíritu tan apegado a la tradición y a la historia: La Recoleta, la bella plaza desde donde puede observarse un precioso paisaje. Las evocaciones de dos sucrenses contemporáneos, Gabriel Chávez Casazola, poeta y comunicador, y Luis Campuzano Paredes, psicólogo, nos hacen pasear por allí.
“La plaza de la Recoleta está ubicada al pie de los dos cerros en el lugar de la fundación de la ciudad. Su entorno tiene un paisaje urbano bellísimo, tanto por las vistas de los dos cerros: el Sica Sica y el Churuquella, que fueron arborizados en el siglo XX, como por lo que se puede apreciar desde el Mirador de la Recoleta, construido por los años 70.
Desde allí se ve la ciudad tendida, descendiendo y extendiéndose por el horizonte. El amanecer y el anochecer son las mejores horas pues, entonces, se puede observar toda la cordillera que circunda la ciudad, en tonos morados y rojizos, y sobre todo, a la izquierda del panorama, el cerro Obispo que es el más imponente”, recuerda el poeta.
Y su amigo psicólogo explica que “es una plaza tipo europea, antigua, sin césped ni árboles. Es un plaza de piedra con su reloj de piedra y una fuente, ambos muy antiguos”. Un reloj que, dice Chávez, “pareciera estar marcando la historia de la ciudad”. Y la iglesia de Santa Ana de la Recoleta: “un templo austero, sobrio a cuyo lado está el museo de la Recoleta y un convento franciscano”.
“Es aquí donde ha transcurrido la historia de esta ciudad desde su fundación, cuyo año es incierto: se estima entre 1538 o 1540. Era un poblamiento indígena donde luego se instalaron los españoles, para más tarde ir descendiendo a lo que es la plaza Principal actual y el centro histórico
Tiene un pasado ligado a lo indígena, y por eso la parroquia es popular, la feligresía tiene una marcada proporción de origen campesino y en las callejuelas –estrechos pasadizos– alrededor de La Recoleta es aún posible encontrar antiguas chicherías, tiendas de barrio a la usanza tradicional de hace más demedio siglo y que tienen una indudable marca no sólo colonial, sino también quechua y donde se habla quechua.
Es un lugar de confluencia que reúne, de alguna manera, el flujo espiritual del Sucre colonial y del Sucre quechua, cuya impronta está muy presente en la cultura local”.
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