La conexión africana, desde drogas hasta vacunas falsas
Desde hace dos décadas, varios puertos africanos funcionan, y con cada vez más creciente intensidad, como importantes eslabones de los negocios ilegales. En tiempos de la pandemia de Covid-19, aquellas actividades se diversificaron y hasta obtuvieron facilidades para desarrollarse. Ante la debilidad de la mayoría de las fuerzas estatales, el tráfico de mercaderías y la actuación de las bandas criminales se proyectan tanto hacia adentro como hacia otros continentes.
El disparador del fenómeno de los puertos africanos, según explican diversos analistas, ha sido el creciente consumo de drogas en el planeta y, en especial, los nuevos mercados de la cocaína. Por ello, las rutas y las estrategias utilizadas por los traficantes han mutado y aumentado. “África Occidental se posicionó como una alternativa viable para nutrir al mercado europeo —ha señalado Carolina Sampó, la coordinadora del Centro de Estudios sobre Crimen Organizado Transnacional (CeCOT-IRI), en Argentina—. Hoy, además de servir como puente a Europa, el oeste de África se utiliza para traficar cocaína a los Estados Unidos, Asia y, en algunas ocasiones, Oceanía. De hecho, de acuerdo con información proveniente de los EEUU, la proporción de cocaína traficada hacia ese país desde México cayó de un 70 por ciento en 2013 a un 39 por ciento en 2016 [datos de la Agencia de Naciones Unidas contra el Delito y el Crimen (Unodc) 2018]”.
Según la experta, los Estados africanos han sido cooptados por las organizaciones criminales, de manera tal que los funcionarios de Gobierno, en lugar de combatir el tráfico de drogas, lo permiten. A su vez, para las organizaciones criminales latinoamericanas parece menos riesgoso y más redituable negociar con sus pares africanos que utilizar rutas alternativas. Bajo esas ventajas, las mafias latinoamericanas se contactaron con sus pares del África y pactaron. Se trató de un tipo de negociación que otras organizaciones también realizaron para otros ilícitos fines.
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Con el paso de los años, el fenómeno se consolidó y sofisticó, acicateado además por el incremento del comercio global y la creación de zonas francas. Baste citar un ejemplo: el puerto keniata de Mombasa constituye el quinto puerto más activo de África, según datos del Foro CEO África. Por este puerto circulan mercancías destinadas a toda la zona oriental del continente y a parte del centro. Debido a su posición estratégica, Mombasa ha sido un lugar de conflictos bélicos internacionales desde hace siete siglos. Pero, también se ha ganado la fama de ser refugio para toda clase de malhechores.
En los últimos años, en Mombasa se refugió, para variar, Samantha Lewthwaite. Conocida como la viuda blanca y muy probablemente miembro de Al Shabab, se convirtió en una de las sospechosas de terrorismo más buscadas del mundo. Varios atentados terroristas en África oriental y cientos de muertes se le atribuyen.
Un puerto “ejemplar”
Hoy, Mombasa no sólo mantiene su reputación de ser territorio de las mafias africanas, de contactos e intercambios con narcos sudamericanos y de traficantes de armas europeos. Es también señalada como eje del comercio de los productos farmacéuticos ilegales procedentes de Asia, sobre todo en tiempos de Covid-19. Según ha informado el diario español El País: “en los últimos 12 meses, el papel que puede desempeñar en la facilitación de envíos de vacunas contra la Covid-19 falsificadas y que no cumplen la normativa ha estado cada vez más presente en las conversaciones en los círculos policiales y los servicios secretos de África oriental”.
Las oportunidades de negocios han proliferado para las diversas bandas del crimen organizado de Mombasa. Según un informe hecho público en septiembre por la iniciativa Enact contra la delincuencia, las fuerzas de seguridad kenianas calculan que en ese territorio operan 132 organizaciones criminales. Sus negocios principales constituyen el tráfico de cocaína y heroína de procedencia asiática y latinoamericana. Pero, además, en los nuevos tiempos, al parecer, el puerto se ha convertido en la principal vía de acceso de los suministros de vacunas procedentes de India y China a los países de África oriental que no tienen litoral.
En esa coyuntura, los problemas aumentaron porque, debido a la urgencia sanitaria que ha generado la pandemia, el ingreso de insumos médico-farmacéuticos se incrementó y los controles disminuyeron. Los Gobiernos priorizaron la urgencia para hacer frente al coronavirus antes que reforzar su ya alicaído combate a las mafias. El escenario aumentó su complejidad tras la creciente distribución de vacunas a nivel mundial. Según los especialistas en seguridad, en esas zonas francas, y no sólo africanas, es donde la cadena de suministro de las vacunas estará más expuesta a que preparados fraudulentos o de baja calidad sean introducidos por las mafias.
La amenaza emergió en medio de una fatal coincidencia, pues los países africanos, en los últimos años y especialmente para 2019, habían previsto una importante apertura de zonas francas buscando potenciar sus economías. Mombasa es uno de los ejemplos ilustrativos, sin embargo, la lista de puertos africanos que han sido cooptados o cobijan importantes actividades de las mafias se amplían por lo menos otros 10 casos. La Unodc ha identificado, por ejemplo, a Yibuti que opera como puerto etíope, Lomé (Togo) y Cotonú (Benín).
Por su parte, la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional, citada por El País, ha identificado a Libia como el “epicentro” del tráfico de productos farmacéuticos robados, falsificados y de baja calidad en el norte de África y la región del Sahel.
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La historia
Así, la zona se ha convertido en un cóctel de características explosivas dado que los oscuros, pero bonanciosos negocios atraen a también no muy bien pintados actores.
“El tráfico ilícito no es nuevo en África Occidental —explica Sampó, en su ensayo Narcotráfico entre Latinoamérica y África—. De hecho, la región comenzó a servir como punto de transbordo tanto de cocaína como de heroína en la década de 1950, aunque en pequeña escala. Las diásporas organizadas de la región —libaneses y luego nigerianas— fueron centrales en el establecimiento y desarrollo de las redes criminales actuales”.
La experta luego cita la presencia de grupos terroristas que articulan la obtención de fondos para sus respectivas causas. Cita la actividad de Hezbollah y su vinculación a las guerrillas colombianas en los años 80. Describe, para una década más tarde, la actividad de redes fragmentadas. Y para principios de los años 2000, señala que se produjeron los primeros contactos entre mafias latinoamericanas y africanas.
“Hacia el año 2005, las organizaciones africanas ya trabajaban codo a codo con las latinoamericanas, a las que proveían, principalmente, de rutas de tránsito seguras y soporte logístico en África Occidental. Así, los cárteles de droga colaboraban con actores locales (WACD 2014). Esa modificación en las trayectorias de provisión de cocaína, tanto para Europa como para Estados Unidos, obedeció a diversos factores, entre los que destaca el surgimiento de Europa como mercado en ascenso. Vale resaltar que, además, los carteles mexicanos habían monopolizado el tráfico de drogas hacia el norte, lo que forzó a las organizaciones criminales colombianas a buscar nuevos puertos”.
¿Una intervención?
Luego añade: “Por otro lado, no pueden desestimarse los factores relacionados con las ventajas proporcionadas por África Occidental como espacio de triangulación: la facilidad para eludir controles, las posibilidades de expandir mercados (en África, Europa e incluso Asia), la debilidad de las instituciones, la carencia de controles estatales, sin descontar los altos niveles de corrupción”. Toda una historia de consolidación mafiosa que, en tiempos de coronavirus, cobra un matiz añadido.
El problema ha llamado la atención de las autoridades europeas. Varias voces ya recordaron los singulares operativos que en 2009 y 2010 forzaron. En 2009, a que las armadas de distintas potencias decidieran mover sus flotas de guerra al Índico, para patrullar y perseguir a los entonces incontrolables piratas africanos, en los mares de las cosas occidentales. Pero otras voces han recordado que aquella piratería, tras contados años de disminución, se reorganizó y volvió a aparecer en otras regiones.


























