Conocimiento abandonado: el último dios del Titicaca
/ Texto: Alicia Cortés
Fotos: Kev Alemán /
Escuchar el mito y vivirlo son dos cosas completamente diferentes. Creciendo, uno oye sobre el lago Titicaca, sobre las leyendas que lo rodean, sobre antiguos dioses que pasearon por sus costas y cruzaron sus aguas. Y, para muchos, eso es todo. Un sueño, una escena de nuestra imaginación, un cuento que escuchamos antes de dormir.
Pero esta vez, Una Gran Nación (UGN) salió en busca de la verdad detrás del mito. El equipo, conformado por Rodrigo Lema, Kev Alemán, Tamara Bolz, Daniel Orellana y Yenka Algarañaz, comenzó un camino de descubrimiento y conocimiento que los llevó a través de caminos antiguos, místicos, llenos de cultura y riqueza boliviana. Esta vez, el objetivo no fue llegar a un destino, no fue la hermosa tierra boliviana (aunque su belleza no deja de sorprendernos). Esta vez, la misión fue encontrar una leyenda. Un nombre susurrado en las esquinas de la cultura, donde el arte y la tradición bolivianas encuentran a sus creadores.
Los senderos altiplánicos llevaron al equipo UGN desde la ciudad de El Alto en La Paz hasta Huatajata, una comunidad a orillas del lago Titicaca. Allí fueron recibidos por los museos de la zona, prólogo de la aventura que se avecinaba. Desde este punto, las embarcaciones de Crillón Tours los transportaron hasta la Isla del Sol, a través de las aguas del lago más alto del mundo. Es aquí donde el mito se convirtió en carne viva.
Fermin Limachi es el nombre que ha originado este viaje. El “cruza mares”, le dicen; su reputación lo precede. La imagen de un hombre de conocimiento profundo, maestro en su arte y último representante de la sabiduría típica boliviana sobre la totora. Él es la leyenda que impulsa a UGN a recorrer el país en su búsqueda.
Con 52 años de experiencia, Limachi es un hombre de gran visión. Un aventurero empedernido cuyo límite está por descubrirse. Una figura de la que Bolivia ha escuchado durante años, pero que pocas veces ha tenido un espacio propio para exponer su arte, tradición y cultura, tan representativas del país. En las manos de Fermín nacen las balsas de totora, las antiguas y sagradas embarcaciones que navegaban el Titicaca incluso antes de la llegada de los españoles para la colonización.
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En los días de convivencia que el equipo disfrutó con Fermín Limachi, las charlas se dirigieron hacia la importancia de la preservación de la cultura típica nacional. Él cuenta que toda su familia se ha dedicado a la construcción de las balsas, haciendo del trabajo un arte y perfeccionando la técnica aymara milenaria.
Cuenta que el conocimiento que él tiene es resultado de años de historia, de tradición familiar y de la cultura desde sus antepasados. Además, Fermín ha estado en varias misiones con amigos y compañeros de diferentes nacionalidades, todos unidos por el mismo interés: el agua, la cultura, las embarcaciones que transportaron a nuestros antepasados y el proceso de creación de las mismas, tan hermoso y a la vez olvidado.
Porque, es cierto, toda esta historia de cultura y tradición cobra un tinte oscuro cuando levantamos la cabeza y vemos que muy pocas personas están al tanto. El boliviano parece haber olvidado su pasado. En este error, nuestro país ha dejado que su cultura vaya desapareciendo hasta dejar unos pocos representantes versados en el conocimiento antiguo: los últimos dioses del Titicaca.
Pero ¿cómo es él? Podríamos pensar que esta leyenda es sólo una figura, cuya personalidad está basada solo en el arte de las balsas. Sin embargo, detrás del mito, encontramos exactamente lo que fuimos a buscar: un hombre de sangre y hueso, con aspiraciones, sueños y misiones. Una persona de ojos dulces, de manos sabias y mucho conocimiento. Un padre de familia que lleva a sus hijos por el mismo camino que él recorrió, un camino de descubrimiento y respeto hacia nuestras raíces.
Es sencillo pensar que nosotros, como espectadores, no tenemos mucho que hacer con esta historia. Es fácil decidir que Fermín Limachi es muy interesante y que las balsas de totora son muy lindas, descartando el tema con ligereza. Pero olvidamos nuestro papel principal. En palabras de Fermín: “Podemos apoyar para que no se pierda. Conociendo, aprendiendo, practicando, respetando… estando orgullosos”. Porque la práctica de las balsas de totora es nuestra, es la herencia de quienes vivieron antes que nosotros. Es un conocimiento antiguo, sagrado y representativo de quienes somos como país, como nación y sociedad. Aquello que nos hace únicos, distintos a nuestros vecinos y al resto del mundo. Una característica propia que, sin cuidado y apoyo, está desapareciendo a un ritmo alarmante.
En las oscuras aguas del Titicaca, la cultura respira. Al preguntar si existía un mensaje que quiere dar al mundo, Fermín Limachi no duda: indica que lo que se necesita es apoyo. Que todos sepan sobre nuestra cultura y sobre la totora. Que el mundo entero sepa que la herencia de nuestros antepasados sigue viva. Que todo el mundo sepa que Bolivia es Una Gran Nación.


























