Candida albicans, el parásito de la obesidad
¿Amas lo dulce, o la ansiedad te hace buscar con desesperación alimentos con excesivo carbohidrato? Si tu respuesta es afirmativa, observa los tips de este texto, que podrían ayudarte a descubrir que alojas en tu organismo un parásito llamado Candida albicans.
Se trata de un hongo relacionado al metabolismo excesivamente lento, descubierto en casi todas las personas que sufren sobrepeso, obesidad y diabetes sometidas a diagnóstico como portadores de este parásito.
Aunque existen unas 150 especies de cándidas distintas, la Candida albicans es una levadura natural del tracto intestinal. Si su concentración es armónica, cumple la función de mantener el equilibrio intestinal, eliminar restos de carbohidratos mal absorbidos, y metales pesados para evitar que entren en nuestra sangre. Mantiene además el pH de la sangre en equilibrio, pero su existencia en exceso causa serias irregularidades: deprime el sistema inmune, desequilibra la flora intestinal, y la sobrepoblación de esta levadura suelta toxinas en el torrente sanguíneo generando un efecto devastador en el sistema nervioso y el sistema inmune; afecta al bienestar físico, mental y emocional.
Efectos y síntomas
Cuando la cándida se apodera de nuestro cuerpo, nos pide de manera ansiosa hidratos de carbono y dulces, lo que la alimenta aún más y consigue proliferar de tal manera que agota el sistema inmunológico.
Algunos de los síntomas que podemos tener si sufrimos de candidiasis son: depresión, ansiedad, baja autoestima, cansancio incluso a pesar de haber dormido ocho horas, dificultad para tomar decisiones, confusión mental, ansiedad por dulces y carbohidratos, dolor de cabeza, malestar general, lengua blanca, exceso de histamina, permeabilidad intestinal, gases y flatulencias, fatiga injustificada, manos y/o pies fríos, diarreas y/o estreñimiento, distensión abdominal, ardor estomacal, reflujos ácidos, sensación de embotamiento, formación de gases después de las comidas, sensación de hinchazón al comer o poco después, mareos y retención de líquidos.
Para confirmar su presencia se puede valorar un análisis de sangre, un test de la arabinosa en orina o a través de
cultivos microbiológicos.


























