Miscelánea de barbarismos y un haz de esperanza
Hace unas tres semanas, finalmente, concluyó el juicio en torno a los ultrajes físicos y simbólicos que cierta turba propinó públicamente a varios indígenas en la plaza principal de Sucre, como corolario a los disturbios que se suscitaron en esa ciudad, rechazando el nuevo texto constitucional que pretendían aprobar los constituyentes a fines del 2008, también en Sucre.
Tres jóvenes murieron enfrentando a las fuerzas del orden antes de aquellos ultrajes. Entonces, sedientos de venganza, muchos opositores a la nueva Constitución, cobardemente aglutinaron la turba que ultrajó a los indígenas, tomando revancha por mano propia, y peor aun, con víctimas inocentes. Sin duda los responsables merecían castigo con todo el peso de la ley, aunque analizando el contexto del fallo, no creo que sea muy útil zurciendo las heridas que dividen a “indios y k’aras”.
Una vez anunciado el fallo, la ministra de Comunicación, Marianela Paco, refrendó la sentencia en rueda de prensa, expresando indignación por la solidaridad que algunos líderes opositores habían manifestado contra la sentencia. “No se borra el recuerdo por las agresiones que sufrieron los campesinos (…) Quemaron sus símbolos de identidad, los bañaron en sangre, les hicieron pedir perdón por existir, los han desnudado en la plaza 25 de Mayo”, dijo la Ministra, desgranando lágrimas.
No obstante, cuando la prensa la inquirió sobre la retardación de justicia inherente a los tres universitarios que perdieron la vida durante los enfrentamientos, la Ministra respondió con obvio desparpajo: “Es que sus familias no se han movilizado demandando justicia como en el otro caso, si quieren justicia, que se movilicen” –o algo muy parecido en sentido y forma.
Inevitablemente la respuesta de la Ministra despierta inquietantes angustias. No sólo porque sus palabras traslaparían burlas hirientes a quienes ya están purgando su deuda con la sociedad inflamando futuras discordias, sino también, porque rebelarían que a la justicia boliviana hay que obtenerla luchando en las calles.
¡Vaya paradoja! O sea, sí en este país vas por la calle, y de pronto te agarran y te violan a la vuelta de la esquina ¿habría que salir a bloquear mostrando el culo roto para que se haga justicia? Ufff, mas barato resulta caminar con una capsula de cianuro metida en el culo, así, uno se evitaría mayores desgracias “demandando justicia” cargándote de paso contigo al agresor, algo es algo…
Otra más breve, pero no menos infame ¿Despechado? por la caída de Evo en el referéndum pasado, nuestro ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, señaló a la intervención imperialista en un nuevo campo de batalla: ¡las redes sociales por Internet!, como la causa de la derrota.
Para ganar la batalla de Internet, será preciso crear un nuevo servicio de inteligencia secreta que intervenga las redes sociales, dijo el superministro. Además, claro, será necesario cerrar los medios de comunicación convencionales que se opongan al Gobierno, añadió luego. Señor ministro, su nuevo servicio, ¿sólo actuará en las redes sociales?, ¿ya definió cómo los agentes del nuevo servicio torturan a los presos?
Hora de callar e irse, pero me voy felicitando a Luis Bredow por su rechazo al premio Abaroa 2016 –premio oficial del viceministerio de Culturas-. Simplemente gracias maestro, gracias por ese gesto valiente que renueva esperanzas persiguiendo felices utopías, la concordia y la belleza aquí en Bolivia.
El autor es economista.
Columnas de JUAN JOSÉ ANAYA GIORGIS

















