Sueños
A veces me siento rebasada por la decepción y el hastío cuando contemplo, por ejemplo, cómo se secan las lagunas que quedan en Cochabamba por obra y gracia del dañinerío y descuido colectivo y/o por la incapacidad e intereses mezquinos de las autoridades
Si en casi un 40 por ciento de nuestra vida experimentamos un mundo alterno que se dibuja como mágico y quimérico, ¿por qué le restamos importancia? A pesar de ello, aunque más parezcan tanteos a tientas, los sueños han sido motivo de extensas elucubraciones religiosas, filosóficas y científicas.
A veces, siguiendo las pautas de Freud y Lacan, me complace cavilar que los sueños son una especie de diálogo con uno mismo. He tenido largas “conversaciones” con mi “cabeza” mediante mis sueños, la mayor parte arrasadoras y lacerantes, especialmente cuando una verdad dolorosa quiere salir a flote y lo termina haciendo desde la dimensión onírica.
Profundizando ese acercamiento al significado de los sueños, Jung aseguraba que el ser humano tiene dos facetas: El consciente y el inconsciente. El consciente, regido por los sentidos y la razón, se expresa a partir del lenguaje. El inconsciente, cariz vasto, misterioso y desconocido, se enuncia vadeando la riqueza simbólica plasmada en los sueños, siendo aquellos una especie de intercambio de información entre esas dos fases del ser, pero que, al encerrarnos en los cabestros del positivismo y la rutina autómata, pocas ocasiones damos importancia.
Dado que se me diagnosticó de niña que soy preocupantemente propensa a la fantasía (conclusión de un psicólogo), también especulo que los sueños son una misteriosa conexión con una realidad en la que el tiempo, el espacio y la gravedad se difuminan. No hay otra explicación para aquellos sueños maravillosos en los que se puede volar y llegar adonde te lleven las ansias. Es increíble sentir la sensación de elevarse, del aire golpeando el rostro y surcando el cuerpo. Me gusta visitar lugares conocidos que en el sueño adquieren colores extraños y renovados. Más todavía, el viajar lejos por montañas, océanos y campos floridos totalmente insólitos.
Ciertas culturas, hoy apenas ecos de sabidurías olvidadas, atribuían estos extraordinarios fenómenos a facultades del ser humano que van más allá de la comprensión de sus características físicas. Los dogmas del método empírico y la subestimación mercantilista y etnocéntrica de saberes cuyo origen no fue europeo, ambas semillas indelebles de un conocimiento considerado único y universal, han relegado tales posibilidades, procurando, en cambio, un frenetismo acelerado en el que el 40 por ciento de la existencia parcamente sirve para la reposición de energías y certificarnos como engranajes acríticos, mecánicos y consumidores de chatarra. Sin embargo, alguna heredad se conserva de mayas, toltecas, egipcios o senoi. Estos últimos son una etnia de Malasia que otorga a los sueños una importancia crucial como fuente de aprendizaje.
Entiendo que al lector le pueda parecer raro que en una columna de opinión, donde lo habitual sería abordar temas del contexto político, se me haya ocurrido compartir estos retazos de mi subjetividad. Pero hay coyunturas en que me siento rebasada por la decepción y el hastío cuando contemplo, por ejemplo, cómo se secan las lagunas que quedan en Cochabamba por obra y gracia del dañinerío y descuido colectivo y/o por la incapacidad e intereses mezquinos de las autoridades. O, peor aún, al momento en que se constata que los máximos imbéciles son los que acceden a administrar los destinos colectivos.
Entonces, por lapsos benditos de renovación, me refugio en mis “de-lirios” más íntimos e intensos. Así, esta noche me iré de vuelta a mi mundo onírico, pensando en las “Ruinas circulares” y el “Libro de sueños” de Borges, en la magnificencia de “Sueños” de Akira Kurosawa, en los laberintos de David Lynch o en las enseñanzas de Juan Matus, fantaseando que es dable franquear los confines de realidades inimaginables y explorar inusitados trazos de conocimiento, a través de los sueños.
La autora es socióloga.
Columnas de ROCÍO ESTREMADOIRO RIOJA


















